Juan Valera y Alcalá Galiano

(B. 1827)

NOCHE DE ABRIL

Es ya tarde: bate el sueño

Sobre la ciudad sus alas,

En el silencio sus galas 15

Muestra la noche gentil;

Abren su seno las flores

Al rocío transparente,

Y se respira el ambiente

Perfumado del abril. 20

En Nápoles, en las noches

De primaveras serenas,

Vierte por todas sus venas

Naturaleza su amor;

Y es el silencio armonía, 25

Bálsamo el aire, las flores

Ninfas, las sombras colores,

Y los claros resplandor.

Y todo vago, indeciso,

Dulcemente se confunde,

Y melancolía infunde

Tan süave al corazón,

Que en la atmósfera mecido 5

De sus sueños se recrea,

Gira y corre distraído

De ilusión en ilusión.

No va el silfo más ligero

En un rayo de la luna; 10

Ya acaricia lisonjero

Con sus besos una flor;

Ya en la límpida laguna

Forma un rïel de topacio,

Ya perdido en el espacio 15

Se disipa cual vapor.

EL FUEGO DIVINO

De la inclinada fuente

En copioso raudal brotaste pura,

Alma luz refulgente;

Entonces con ternura 20

Latió fecundo el seno de natura.

. . . . . . . . . .

Tú eres la luz, la vida,

La inteligencia, el fuego, el movimiento;

Tú la llama escondida

Que da al sol alimento, 25

Y armonioso vigor al firmamento.

. . . . . . . . . .

Con vivífico aliento

Virtud prestaste á la materia inerte,

La fuerza y movimiento,

Que en sus átomos vierte

Al sacarlos del seno de la muerte.

Y la forma elevada

Misteriosa del hombre creaste luego; 5

A su mente sagrada

Diste noble sosiego,

A sus ojos el brillo de tu fuego.

Levantaste su frente,

Hermoso asiento de tu lumbre viva, 10

Hacia el cielo eminente,

Do á su mirada altiva

Ni de tu sér la oscuridad se esquiva.

Cuanto existe en la tierra,

De oro y fango, de bálsamo y veneno, 15

Cuanta virtud encierra

En su fecundo seno

El éter infinito, de astros lleno,

Diste con armonía,

Breve mundo, del hombre á la existencia; 20

Como en oriente el día

Brotó la inteligencia,

De su completo ser oculta esencia.

La pompa de los mundos,

Todo sér, toda vida en ella vive; 25

Los ámbitos profundos

Del cielo en sí recibe,

Y de su inmensidad los circunscribe.

Su perfume derrama

La flor, el ave canta, el mar resuena;

Cuanto aborrece y ama,

Todo deleite y pena

Está en el alma, y los espacios llena. 5

Su luz el astro envía,

Y tarda siglos en cumplir su anhelo;

No acaba su porfía,

No hiere el mortal velo,

Mas en el alma está como en el cielo. 10

¿Qué habrá que satisfaga

Al sér amante en la creación entera?

¿De qué beldad se paga

Si por alta manera

Todo en el alma está como en su esfera? 15

¿A qué este amor intenso?

¿Qué ignoto sér la voluntad adora?

¿Dónde el objeto inmenso,

La fuerza vencedora

Que domina al amor que le devora? 20

. . . . . . . . . .

El alma es consonancia

De todo lo creado, y sus amores

Son la luz, la fragancia

De estrellas y de flores,

¿Quién detiene perfumes y fulgores? 25

. . . . . . . . . .

La bien templada lira

De cada cuerda exhala melodiosa

Distinto son, y admira

De la máquina hermosa

Dando el conjunto música armoniosa.

Enemigas y fieras

Potencias une al mismo fin el hado; 5

Así de las esferas

El giro arrebatado

Da un concierto sublime y alternado.

. . . . . . . . . .