El imperfecto y el futuro de subjuntivo en el «Quijote»
Bajo esta denominación siguen estudiándose en nuestras gramáticas las tres formas verbales, ra, ría y se, amara, amaría y amase, para eterno baldón de nuestros arrestos científicos en achaque de lingüística. Ni amara ni amaría son imperfectos, ni amaría es subjuntivo, ni estos tres tiempos significan lo mismo, para que sigan unidos en feroz maridaje bajo una misma denominación. En ello convienen Bello y Benot, y todos los extranjeros. Dejemos por ahora la forma amaría, que es de indicativo, y estudiemos un poco las otras dos, y con ellas sus compuestos correspondientes hubiese amado y hubiera amado.
Las formas amase, hubiese amado, siempre son subordinadas de pasado, esté expreso ó tácito el verbo subordinante; y esto, en todos los monumentos antiguos, antes del clasicismo y en el clasicismo, y hoy día; es decir, que es un imperfecto del subjuntivo ó, mejor dicho, del conjuntivo.
Proviene amase de ama-vi-ssem, que tenía el mismo empleo y valor. Conviene entender bien este empleo para no confundir este tiempo con amara, como se confunde hoy, y no se confundía en tiempo de Cervantes. Amase—repito—es siempre conjuntivo, es decir, subordinado de otro verbo con que expreso ó tácito, é indica tiempo pasado. Véanse estos ejemplos del Quijote, entre otros mil[14]: «Consideren lo mucho, que estuuo despierto por dar la luz de su obra con la menos sombra que pudiesse (I, 3, 13). Y sus historias ya que no las quemassen, merecian que a cada una se le echasse un sambenito, o alguna señal, en que fuesse conocida por infame (II, 6, 20). Y la bolsa de dinero, que le dio don Quixote, para lo que se ofreciesse (I, 7, 26). No estaua tan claro, que pudiesse echar de si rayos algunos (II, 8, 27). Y diziendo que que auia visto en ella, para no ponerla en el numero de las otras, que alargasse la satira, y la pusiesse en el ensanche, sino que mirasse para lo que auia nacido (II, 8, 27). Abraso el templo famoso de Diana... solo porque quedasse viuo su nombre en los siglos venideros (II, 8, 28). Y el dia siguiente, sin acontecerles cosa, que de contar fuesse (II, 8, 30). Sin auer hablado antes a su señora, pidiendola fuesse seruida, de (I, 10, 32). Sin esperar son de trompeta ni otra señal que los auisasse (II, 14, 51). Sobre que medio se podria tomar, para reduzir a don Quixote, a que se estuuiesse en su casa quieto y sossegado, sin que le alborotassen sus mal buscadas auenturas, de cuyo consejo salio... que dexassen salir a don Quixote, y que Sanson le saliesse al camino... y trabasse batalla con el... y le venciesse... y que fuesse pacto y concierto, que el vencido quedasse a merced del vencedor (II, 15, 53)».
Así como el presente de subjuntivo se subordina al de indicativo, así el imperfecto amase se subordina á los tiempos pasados, siempre con que expreso ó subentendido: «Ni procuro que nadie me tenga por discreto (II, 1, 4). Mando a un Capellán suyo se informasse del Rector de la casa (II, 1, 3): suple que. De cuyo consejo salio... que dexassen salir a don Quixote (II, 15, 53)». Hoy dicen: «Salio... que dejaran». En Cervantes amara jamás se emplea en este caso: nunca es conjuntivo de pasado.
En las condicionales, amase se halla en la hipótesis de tiempo pasado, y de ella pasó más tarde á la apódosis, pero sólo cuando hay también amase en la hipótesis, sin duda por atracción; así como amara, que pasó de la apódosis á la hipótesis. En Berceo siempre hay amase en la hipótesis de pasado, nunca amara. «Si tu nunca moriesses, viuir yo non podría» (Loor 97). «Si nacido non fuesse, mucho meior auria» (Mil., 756). Lo mismo en el Poema del Cid: «Dios que buen vassalo, si ouiesse buen sennor» (20). «Que si non la quebrantas por fuerça, que non gela abriese nadi» (34). Otro tanto sucede en el Quijote: «Si a los oydos de los Principes llegasse la verdad desnuda, otros siglos correrian (II, 2, 8). Y que si le pareciesse que tenia juyzio le sacasse, y pusiesse en libertad (II, 1, 3). Quando yo quisiesse oluidarme de los garrotazos que me han dado, no lo consentiran los cardenales, que (II, 3, 11). Que no diran cosa por otra si rebentassen (II, 7, 23). Bonico soy yo para esso, mal me conoce: pues a fê que si me conociesse, que me ayunasse» (I, 25, 115).
Sólo cuando hay amase en la hipótesis, puede ir amase en la apódosis, como en los citados ejemplos. Es queja general que en estos últimos años ha cundido en España el uso de amase en la apódosis de las condicionales fuera del caso dicho. Efectivamente, se suele oir y leer: «si al menos hubiera tenido la cordura del silencio, hubiese conservado la vida», «yo te hubiese escrito, si hubiera tenido ocasión». Cervantes hubiera empleado hubiera en la hipótesis y en la apódosis, en ambos casos. Que si le pareciesse que tenia juyzio le sacasse; y no siendo pasado conjuntivo, amara: Que dixera el señor Amadis, si lo tal oyera (II, 6, 20). Nótese bien la diferencia: en el primer ejemplo es puro conjuntivo ó subjuntivo, subordinado, se subentiende el que: que le sacasse; en el segundo es potencial, no subordinado á otro verbo, sin que.
La confusión que actualmente cunde entre amara y amase, fuera de las condicionales, es la causa de emplearse amase en la apódosis de las condicionales fuera del único caso en que se ha empleado hasta ahora. Y esta confusión es de grandísima trascendencia para el castellano. No se trata de una palabra exótica que hiere más ó menos con desapacible dejo los oídos de los puristas: trátase de dos formas verbales de vital importancia en la sintaxis castellana; mejor dicho, de tres, porque, como veremos, también el amare anda aquí en cartas.
Á juzgar por la tendencia que arrastra á esa confusión, las formas en peligro son amara y amare, precisamente las más idiomáticas de nuestro romance y las de matiz más delicado. Es que no existen tales formas en francés. Son flores demasiado exquisitas para el gusto nivelador y cosmopolita de ciertas gentes, que quisieran reducir el habla á cuatro fórmulas breves comerciales, y para quienes el inglés de oficina es el ápice del ideal. Mal año para la estética del lenguaje, para la literatura. Pero no de sólo pan vive el hombre; y si los comerciantes sajones prefieren la brevedad seca y escueta de una fórmula, los meridionales han sido siempre artistas y han concedido al elemento estético del habla lo que se le debía conceder, si el hombre es algo más que un alcabalero ó que un trujamán. Si algo se nos da por el arte, debemos oponernos con todas nuestras fuerzas á que cundan entre nuestros escritores esas teorías cosmopolitas de lengua internacional, reducida á descarnados guarismos. Venga, norabuena, esa lengua para el comercio; pero déjennos para la literatura y para la vida nuestra rica y hermosa lengua castellana. Y para ello todos nuestros esfuerzos estarán muy bien empleados en desterrar el abuso, que hoy va cundiendo, de confundir amara con amase por una parte, y por otra estas dos formas con amare. Los americanos, á quienes achacan algunos el que vayan corrompiendo el castellano, pudieran con mayor razón achacárnoslo á los españoles en este y otros puntos.
Hoy ponen los autores como sinónimos amara y amase como imperfectos de subjuntivo; es decir, subordinándose á otro verbo, y correspondiendo al imperfecto y al pretérito de indicativo. Horrible confusión, que ha llegado ya al extremo de que ni los gramáticos la tengan por tal. En Cervantes, en los clásicos y en los monumentos más antiguos, yo no he hallado amara con semejante empleo. Sólo hay excepciones raras (Cid, 3319, 3591), y casi siempre en la apódosis de las condicionales, donde equivale á la acepción potencial que vamos á ver siempre en esta forma amara, y que puede compararse con «Si non errasset, fecerat illa minus» de Marcial (I, 22). Así en Berceo: «Si a Millan crouiessen, ficieran muy meior» (S. Mill., 288). Hoy se dice: «dijo que vinieras»; Cervantes diría: «dijo que vinieses».
Amara viene de ama-ve-ram = había amado, y este valor de pluscuamperfecto lo tuvo amara hasta el siglo XVII, en que cayó en desuso, tal vez por emplearse en tantas otras acepciones. En Berceo: «Lo que les prometiera el padre verdadero «Tardar non gelo quiso por al dia tercero» (S. Dom., 370). En Calila e Dymna: entendio que el su saber non le tenia pro, pues que non usara del» (Prólogo). En esta acepción han vuelto á resucitarlo modernamente, y no lo tengo sino por muy loable, pues conviene á veces echar mano de esta forma breve, para la velocidad en la frase y para la poesía en vez del compuesto había amado.
No así el empleo de amara por amé, amaba, he amado, confusión en que han caído algunos, sin que les valga el que antiguamente se empleó por el pretérito: «El padre le echara fuera, | que nada le huvo hablado, | A los dos metiera juntos... | Al Cid metiera el postrero» (M. Pelayo, Antología, VIII, 55). Emplear amara por todos los tiempos pasados de indicativo sería el caos.
El empleo propio de amara es el de un subjuntivo potencial, que difiere de amaría, verdadero potencial de indicativo, en que, como toda forma de subjuntivo, siempre lleva envuelta la idea de apreciación subjetiva, de la que carecen las formas de indicativo, las cuales enuncian el hecho objetivo sin apreciación alguna subjetiva. Por ser amara un potencial, conviene con amaría, y por eso dijo tal vez Cuervo[15] que se emplea en nuestros clásicos «en frases que pudiéramos llamar potenciales, en las cuales se representan los hechos como meramente posibles». Por ser subjuntivo, es decir, por llevar consigo la duda, el deseo ó cualquiera otra apreciación subjetiva, difiere amara de amaría, y en este sentido pudo añadir el mismo Cuervo que se emplea: (en frases...) «que son en cierto modo oraciones condicionales incompletas, por faltarles una hipótesis vaga, que varía según los casos». Digo que en este sentido, porque de otra manera no veo que tales oraciones lleven hipótesis vaga de ninguna especie, fuera del dudar, desear, etc., del carácter subjuntivo.
Véanse ejemplos con ese doble matiz de potencial y de subjuntivo, pero sin hipótesis alguna. En Calila e Dimna: «ca serie atal como el mercadero perdidoso que vendio sus piedras por vidrio que non valia nada, é podiera haber del precio dellas riqueza para en toda su vida» (c. 2). Aquí se está viendo cómo del valor de pluscuamperfecto sale el de potencial subjetivo, había podido, hubiera podido ó pudiera. «E podrie acaescer cosa por ello que pesara a mi et a ti» (íd.): que pudiera pesar. «Non debieras tu decir cerca del pozo, pues yo habia de ir al caño» (íd.): no debías haberme dicho. «Desi temime que non pudiera sofrir la su vida (de religioso), et que me tornaria a la costumbre» (íd.) «Et que dejaria algunas cosas que tenia comenzadas et habria fechas ante de que hobiera galardon». En estos mismos ejemplos se halla la distinción entre amara, subjuntivo ó subjetivo, y amaría, indicativo ú objetivo.
Vengamos al Quijote: Assi es, dixo el Barbero, y holgara mucho saber, que trataran aora los dos (II, 2, 7).—En la manta no hize yo cabriolas, en el aire si, y aun mas de las que yo quisiera (II, 3, 11).—Dizen algunos, que han leydo la historia, que se holgâran, se les huuiera oluidado a los autores della algunos de los infinitos palos, que (II, 3, 11).—Tambien pudieran callarlos por equidad (íd.)—Esso fuera hazer milagros (II, 3, 12).—Pero a buen seguro que el te perdonara, porque (II, 6, 20).—mas tal te pudiera hauer oydo, que no te fuera bien dello (íd.)—y cosas te pudiera yo dezir... que te admiraran (II, 6, 21).—venia tal el triste, que no le conociera la madre que le pario (II, 7, 23).—assi pudiera cantar el romance de Calainos, que todo fuera uno (II, 9, 31).—dize que quisiera passarle en silencio temeroso de que no auia de ser creido (II, 10, 32).—y quien os viera a todos ensartados por las agallas como sardinas en lercha (II, 10, 36).—y si ello es encantamento como v. m. ha dicho, no auia en el mundo otros dos a quien se parecieran (II, 16, 54).—Esso tuuiera yo por afrenta, mas que quantas pudieran dezirme (II, 31, 117).—que en el particular de mi asno que no le trocara yo con el rozin del señor Lanzarote (íd.)—Al mismo Duque de Alua se la quitara, para darsela al señor maesse Pedro (II, 25, 96).—que persuasion fuera bastante para persuadirme que (II, 25, 97).—el sentido, que no se lo sacara, ni las entendiera el mismo Aristoteles, si resucitara para solo ello (I, 1, 1).—donde puso el amor toda la gloria que yo acertara a desearme (I, 24, 102).
Es muy propio amara de la apódosis de las condicionales, precisamente por esta potencialidad dependiente de la condición; pero de la apódosis pasó también á la hipótesis; al revés de amase, que de la hipótesis pasó á la apódosis: pero aunque fuera de mezcla, cumpliera mi palabra (II, 41, 154).—y sino lo cumpliera, me parece que rebentara (II, 41, 157).—y si yo fuera tan agorero como otros, tu pusilanimidad me hiziera cosquillas en el animo (II, 41, 154).
Con otra forma en la hipótesis, no hallo amara en la apódosis; pero sí en la hipótesis, cuya apódosis tiene amaría, había de amar: Mira Sancho, yo bien te señalaría salario, si huuiera hallado en alguna de las historias... exemplo (II, 7, 24).—que si huuiera dicho de mi cosas, que no fueran, muy de christiano viejo... que nos auuian de oyr los sordos (II, 3, 12). Amaría no puede ir en la hipótesis, porque toda hipótesis subjuntiva lleva consigo el subjetivismo del que la enuncia; en cambio, amara cabe muy bien en los dos miembros.
He dicho que hoy amara equivale á amase en la acepción de subordinada subjuntiva de tiempo pasado. En el Quijote no hallo ni un solo ejemplo de amara en tal acepción y empleo, ni tampoco en los demás clásicos ni en los autores anteriores al siglo XVI. «De la apódosis pasó amara á la hipótesis, y de las oraciones condicionales á las puramente subjuntivas», dice Cuervo. No son, pues, sinónimos amara y amase. En Berceo nunca se confunden, ni amara es subordinada subjuntiva, ni está en la hipótesis de tiempos imperfectos ó perfectos, es decir, pasados; en todos estos casos hay amase (Lanchetas).
En el subjuntivo optativo las formas amase y amara y sus compuestas indican lo inútil del deseo, cuyo cumplimiento ya no se espera: Y pluguiera á los altos cielos que el amor no me tuuiera tan rendido, y tan sujeto á sus leyes, y los ojos de aquella hermosa ingrata, que digo entre mis dientes, que los desta fermosa donzella fueran señores de mi libertad (I, 16, 57). Al revés, se espera como posible el cumplimiento del deseo, cuando se expresa con formas de presente-futuro: Plegaos señora de membraros (I, 2, 4).—A Dios plega, que esta llegue a vuestras manos (I, 27, 126).—Oy dia a tantos de tal mes, y de tal año tomô la possession desta insula el señor don Sancho Pança, que muchos años la goze (II, 45, 169).—llore, o cante Altisidora, desesperese Madama..., que yo tengo de ser de Dulcinea (II, 44, 168).
La forma amara, como subjuntivo optativo, indica pesar de un hecho no cumplido, y no pende de otro verbo: es forma elegantísima: Pero ya tenia abierto uno el barbero, que se llamaua las Lagrimas de Angélica. Lloraralas yo, dixo el Cura en oyendo el nombre, si tal libro huuiera mandado quemar (I, 6, 20).—que me tiene tomada una pierna entre el estribo y la silla. Hablara yo para mañana, dixo don Quixote, y hasta quando aguardauades a dezirme vuestro afan? (I, 19, 73): expresión aplicada por Covarrubias al «que viendo que se trata de su negocio, no alega de su justicia». Véase el Soneto: O quien tuuiera hermosa Dulcinea (VII), todo en optativo. En Berceo: «Mas plus seli valiera que souiesse quedado» (Loor 58).
Con amase: y oxala parasse en ellos lo que amenaza esta auentura tan desuenturada (II, 68, 261): se subentiende que. Y que no viesse yo todo esso Sancho (II, 10, 36).
El llamado futuro de subjuntivo amare y su compuesto hubiere amado no existieron en latín, y de las demás románicas sólo en portugués y en válaco. Deriva del futuro perfecto subjuntivo ama-ve-ro. En castellano todos convienen en que también es subjuntivo y futuro, aunque no futuro perfecto. Lo han llamado algunos subjuntivo hipotético ó condicional; pero subjuntivos é hipotéticos ó condicionales son también amase y amara, además de que no siempre amare es condicional, ni pertenece á las oraciones condicionales. Futuro simplemente tampoco es, además de que el llamado presente ame es un futuro.
Como hipotético pide en la apódosis futuro de indicativo ó imperativo, ó presente de subjuntivo cuando sustituye al imperativo. En el Cid: «Si essa despensa nos falleciere o nos menguare algo, | Bien las abastad, yo assi uos lo mando» (258). En el Quijote: Y si yo no me declarare entonces podra enmendarme (II, 7, 23).—si alguna cosa faltâre, y si fuere necesidad seruir a tu magnificencia de escudero, lo tendrê a felicissima ventura (íd.)—si tu me los relatares, como ellos fueron, sacare yo lo que ella tiene escondido en lo secreto de su coraçon (II, 10, 32).—si acaso viniere a verte, quando estês en tu insula alguno de tus parientes, no le desheches (II, 42, 160).—Si truxeres a tu muger contigo... enseñala, doctrinala (íd.)—Si acaso enuiudares (cosa que puede suceder) y con el cargo mejorares de consorte, no la tomes, tal que (íd.)—Quando pudiere y deuiere tener lugar la equidad, no cargues todo el rigor de la ley al delinquente (II, 42, 160).—Si acaso doblares la vara de la justicia, no sea con el peso de la dadiua, sino con el de la misericordia (íd.)—si ella fuere de tanta hermosura como significays, de buena gana... confessaremos la verdad (I, 4, 13).
Comparado con amara, se ve que en éste lo condicionado puede ó pudo ó podría ser, á verificarse la condición; pero que ésta no se verificó, ó no se verificará. En cambio, con amare, lo condicionado se espera y supone como cierto, dado que se verifique la condición, la cual por su parte no se supone que haya de verificarse ó dejar de verificarse. Es decir, que la condición es puramente hipotética con amare y negativa con amara, así como es positiva con indicativo. Son las tres clases de condicionales castellanas. En amara se trasluce su origen de pasado, en amare la contingencia propia de lo futuro, y de lo futuro precisamente no conocido, y que no está en nuestra mano. Compárense. Indicativo: Si por buena fama, y si por buen nombre va solo v. m. lleua la palma a todos los Caualleros Andantes (II, 3, 10.)—mas si v. m. quiere saber todo lo que ay..., yo le traere aqui luego al momento quien se las diga (II, 2, 9).—si â ti te mantearon una vez, â mi me han molido ciento (II, 2, 8). Con amara: si yo fuera tan agorero como otros, tu pusilanimidad me hiziera algunas cosquillas en el animo (II, 41, 154).—Mala Pascua me dê Dios..., si le trocara por el (II, 13, 44). Con amare: si tu me los relatares... sacare yo (II, 10, 32).
Por la misma idea de contingencia pura, no puede emplearse nunca amare cuando pende de otro verbo, es decir, cuando había de ser puro subjuntivo ó conjuntivo. No cabe decir dudo que viniere, como se dice dudo que venga ó dudé que viniese. Por consiguiente, hay un caso en que la tercera clase de condicionales, la de pura hipótesis, no puede llevar amare, y es cuando la oración condicional pende de otra ó por la idea tiene que ser subjuntiva: en este caso se emplea amase: Y pareceos que fuera acertado, y bien hecho que si los del Toboso supiessen que estays vos aqui con intencion de yr a sonsacarles sus Princessas... viniessen y os moliessen las costillas a puros palos, y no os dexassen huesso sano? (II, 10, 33).—quiero que sepas, que si a los oydos de los Principes llegasse la verdad desnuda... otros siglos correrian (II, 2, 8).
Véase ahora amare fuera de las condicionales, siempre como un futuro contingente: En verdad te digo, que de todo aquello que la muger del juez recibiere, ha de dar cuenta el marido en la residencia uniuersal, donde pagarâ con el quatro tanto en la muerte las partidas, de que no se huuiere hecho cargo en la vida (II, 42, 160).—Al culpado que cayere debaxo de tu juridicion... y en todo quanto fuere de tu parte... muestratele piadoso (íd.)—Toma con discrecion el pulso a lo que pudiere valer tu oficio (II, 43, 161).—uno ha de ser el mejor, y del que abatieres seras aborrecido, y del que leuantares en ninguna manera premiado (íd.)—teniendo yo el mando, y el palo harê lo que quissiere (íd.)—el bien que viniere para todos sea, y el mal para quien lo fuere a buscar (I,20,77).—o haz lo que quissieres, que yo haré lo que viere que más viene con mi pretension (I, 20, 77).—acabe norabuena donde quisiere (I, 20,79).—de lo que acerca desto les huuiere sucedido (II, 11, 37).—Assi que de cualquiera manera que responda, saldrê del conflicto, y trabajo en que me dexares, gozando del bien que me truxeres por cuerdo, o no sintiendo el mal que me aportares por loco (I, 25, 109).
Pero hay un modismo propio de la forma amare, fundado precisamente en este valor de futuro contingente desconocido, y es el de las oraciones concesivas: dude quien dudare (I, 50, 193): es decir, quienquiera que sea el que quiera dudar.—sea quien se quisiere (II, 59, 228).—lleguen por do llegaren (II, 60, 229).—sea lo que fuere (I, 34, 173).—se puso a escriuirla: salga lo que saliere (II, 3,12).—sease ella señoria, y venga lo que viniere (II, 5, 17).—pero vengan sobre lo que vinieren, ellas vienen lo mas galanas señoras del mundo (II, 10, 34).—pese a quien pesare (II, 7, 25).—sea el que se fuere (I, 16, 54).
Esta contingencia futura, este valor de concesión por desconocerse la cosa, dándose tan sólo como posible, indican que esta forma es potencial, y la más potencial, la de lo puro contingente: es, pues, un subjuntivo futuro potencial ó contingente.
Tal es la razón de que no esté bien empleado amase por amare, cuando se trata de lo futuro. Es un solecismo decir: «si hubiese teatro esta noche, iré»; «si hubiese llegado mañana Fulano, iré á verle»; debe decirse: «si hubiere teatro» ó «si hay», «si hubiere llegado»; pues se trata de futuro, no de pasado, que es lo que indican hubiese y hubiese llegado. Ya hemos visto el único caso en que se debe emplear si amase como condicional, cuando pende de otro tiempo, que es cuando no se dice amare.
Conviene repetir el principio práctico de Bello (470): «Siempre que á la forma en ase, ese vemos que consiente la lengua sustituir la forma en are, ere (acerca de lo cual no cabe error en los que tengan por lengua nativa la castellana), podemos estar seguros de que esta segunda es la forma propia». Porque amare sólo cabe en el futuro potencial, cuyo dominio le quiere usurpar hoy el amase pasado, con grave perjuicio de nuestra lengua.
Hemos visto que amase está hoy malamente desposeyendo á amara y á amare de sus propios lugares. Este hecho es una corruptela, que nos pueden echar en cara los americanos á los españoles, en cambio de las que nosotros les achacamos. Los delicados matices de amara y amare están en vías de desaparecer. Yo me barrunto que la culpa está en que el francés no tiene estos tiempos, y que los malos traductores y los que piensan en francés al hablar en castellano, se atienen al amase de munición, por no conocer bien los resortes que posee nuestra lengua. Añádase á esto la deficiencia de nuestros estudios gramaticales. En pocas gramáticas se deslindan bien los valores de estas formas, y la nomenclatura imperfectísima con que son llamadas perpetúa la ignorancia y aun la canoniza. Poniendo amara y amase como imperfectos de subjuntivo, nadie duda de que pueden emplearse indistintamente; llamando á amare futuro ó condicional, queda confundido con otros tiempos. Pero ¿quién ha deslindado hasta hoy las clases de las oraciones condicionales? Que yo sepa, nadie: en Bello este campo es un berenjenal; en otros, un desierto.
NOTAS:
[14] El primer número indica el capítulo; el segundo, el folio de la edición de Cuesta de 1608 y 1615.
[15] Bello-Cuervo: Gramát. cast., 7.ª edic., nota 94.