De perenne verdor engalanado...
¡Alégrate, señora, 15
Que aun fué mejor su venturosa suerte!
Intacto lleva á Dios su pensamiento;
No deja tras de sí recuerdo impuro,
Y ni la envidia misma
Puede clavar en él la torpe lengua. 20
Blanco de ciega saña
Nunca se vió, ni de traición aleve,
Ni, rota el ara del amor primero,