Y sus brazos fortísimos pusiste

Como el arco acerado, y con la espada

Vibraste en su favor la diestra armada. 10

Turbáronse los grandes, los robustos

Rindiéronse temblando y desmayaron;

Y tú entregaste, Dios, como la rueda,

Como la arista queda

Al ímpetu del viento, á estos injustos, 15

Que mil huyendo de uno se pasmaron.

Cual fuego abrasa selvas, cuya llama