Tus dulces silbos y tus pies hermosos.

Oye, Pastor, que por amores mueres,

No te espante el rigor de mis pecados,

Pues tan amigo de rendidos eres; 25

Espera pues, y escucha mis cuidados;

Pero ¿cómo te digo que me esperes,

Si estás para esperar los pies clavados?

V

Á LA NUEVA LENGUA

Boscán, tarde llegamos. ¿Hay posada?