¡Oh pueblo numantino!

¡Oh sagrada ciudad de alto renombre!

¿Quién sino tu constancia te ceñía

Cuando las olas del poder romano

Sobre ti vanamente se estrellaban, 20

Y sus feroces águilas temblaban?

Tal Guzmán impertérrito defiende

La fortaleza en donde

Quebrada el Moro su pujanza vía;

Que ataca en vano, y de furor se enciende, 25