¡Ah! ¡Si yo hubiera sabido que el momento de la despedida estaba tan próximo, y que me vería privado para siempre de mi amigo, me habría llevado, como provisión para el camino, algo del contacto de sus ojos adorados!

»Apenas Alí ben-Bekar había empezado á oir aquel canto, levantó la cabeza y se puso á escuchar como fuera de sí. Y cuando la voz se extinguió le vimos volver á caer de pronto, exhalando un hondo suspiro. Había expirado...

En este momento de su narración, Schahrazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.

PERO CUANDO LLEGÓ
LA 169.ª NOCHE

Ella dijo:

»...le vimos volver á caer de pronto, exhalando un hondo suspiro. Había expirado.

»Al ver aquello, el jeque y yo rompimos á llorar, y nos pasamos así toda la noche; y le conté entre lágrimas esta triste historia. Y al llegar la mañana le confié el cadáver hasta que la familia, avisada por mí, fuera á buscarlo. Me despedí de aquel hombre tan bueno, y me dirigí rápidamente á Bagdad, aprovechando la salida de una caravana que allá se dirigía. Y en cuanto llegué, corrí á casa del príncipe, sin mudarme siquiera de ropa, y me presenté á su madre.

»Cuando la madre de Ben-Bekar me vió llegar solo, sin su hijo, y observó mi tristeza, empezó á temblar, y yo le dije: «¡Oh venerable madre de Alí, Alah es el que manda, y la criatura tiene que someterse! Cuando se dirige á un alma el escrito de llamada, el alma tiene que presentarse sin demora delante de su amo.»