»Y he aquí que antes de terminarse la estrofa, Schamsennahar exhaló un gran suspiro y cayó de espaldas. El califa, afectadísimo, se inclinó hacia ella rápidamente, creyéndola desmayada, ¡pero la levantó muerta!
»Entonces tiró la copa que tenía en la mano, derribó las bandejas, y mientras dábamos gritos espantosos nos mandó salir á todas, ordenando que rompiéramos las guitarras y los laúdes de la fiesta. Yo fuí la única á quien permitió la permanencia en el salón. El emir se colocó á Schamsennahar en las rodillas, y así estuvo llorando toda la noche, mandándome que no dejase entrar á nadie.
A la mañana siguiente confió el cuerpo á las plañideras y lavadoras, y mandó que se le hicieran funerales de mujer legítima, y todavía más grandiosos. Después se encerró en sus habitaciones, y desde entonces no se le ha vuelto á ver en el salón de justicia.»
»Por mi parte, lloré con la joven la muerte de Schamsennahar, y ambos nos pusimos de acuerdo para que Alí ben-Bekar fuese enterrado al lado de Schamsennahar. Y aguardamos el regreso de la madre, y cuando regresó, tributamos al cadáver del príncipe unos fastuosos funerales, y logramos que se le sepultara al lado de la tumba de Schamsennahar.
»Y desde entonces yo y la joven confidente, que llegó á ser mi esposa, visitamos las dos tumbas, para llorar por los amantes, de quienes habíamos sido tan amigos.»
Y tal es, ¡oh rey afortunado!—prosiguió Schahrazada—la historia conmovedora de Schamsennahar, favorita del califa Harún Al-Rachid.
En esto la pequeña Doniazada, no pudiendo reprimirse por más tiempo, prorrumpió en sollozos, hundiendo la cabeza en la alfombra. Y el rey Schahriar exclamó: «¡Oh Schahrazada! ¡esa historia me ha entristecido mucho!»
Entonces Schahrazada dijo: «¡Oh rey! ¡Si te he contado esa historia, tan diferente de las otras, ha sido más que nada por los versos admirables que contiene, y sobre todo, para disponerte mejor á la alegría que ha de causarte la que me propongo contar ahora, si tienes á bien permitirlo!» Y el rey Schahriar contestó: «¡Oh Schahrazada! ¡hazme olvidar esta tristeza, y hazme saber el título de esa historia que me prometes!» Y Schahrazada dijo: «Es la Historia mágica de la princesa Budur, la luna más bella entre todas las lunas.»
Y la pequeña Doniazada, levantando la cabeza, exclamó: «¡Oh mi hermana Schahrazada! ¡cuánta sería tu bondad si la empezaras en el acto!» Pero Schahrazada dijo: «¡De todo corazón, y como homenaje debido á este rey bien portado y de buenos modales! Pero no será hasta la noche próxima.» Y como veía aparecer la mañana, Schahrazada, discretamente, se calló.