¡Tan bella es tu cintura, ¡oh hurí! que el collar de tu garganta desnuda se queja de no ser tu cinturón! ¡Pero tus piernas sutiles, cuyos tobillos están cercados de cascabeles, hacen crujir de envidia á las pulseras de tus muñecas!

Todo eso en cuanto á Kamaralzamán y á su padre el rey Schahramán.

Vamos ahora con la princesa Budur. Cuando los dos genios la dejaron en su lecho del palacio de su padre el rey Ghayur, casi había transcurrido la noche. A las tres horas apareció la aurora, y Budur se despertó. Sonreía todavía á su amado y se desperezaba de gusto, en ese momento delicioso de semisueño al lado del amante, á quien creía junto á ella. Y al alargar los brazos vagamente para rodearle el cuello antes de abrir los ojos, no cogió más que el vacío. Entonces se despertó del todo y ya no vió al hermoso adolescente, al cual había amado aquella noche. Y le tembló el corazón hasta casi perder el juicio, exhalando un grito agudo, que hizo acudir á las diez mujeres encargadas de su custodia, y entre ellas á su nodriza. Rodearon ansiosas el lecho, y la nodriza le preguntó con acento asustado: «¿Qué ocurre, ¡oh mi señora!?...»

En este momento de su narración, Schahrazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.

PERO CUANDO LLEGÓ
LA 193.ª NOCHE

Ella dijo:

...con acento asustado: «¿Qué ocurre, ¡oh mi señora!?» Budur exclamó: «¡Me lo preguntas como si no lo supieras, mujer llena de astucia! ¡Dime en seguida lo que ha sido del joven adorable que esta noche ha dormido en mis brazos, y al cual amo con todas mis fuerzas!» La nodriza, escandalizada hasta el límite extremo, alargó el pescuezo para entender mejor, y dijo: «¡Oh princesa, líbrete Alah de todas las cosas inconvenientes! ¡Esas palabras no son de las que tú acostumbras á decir! ¡Por favor, explícate más, y si es broma que gastas con nosotras, date prisa á decírnoslo!» Budur se incorporó á medias en la cama, y le gritó amenazadora: «¡Malhadada nodriza, te mando que me digas en seguida dónde está el hermoso joven á quien he entregado esta noche por voluntad propia mi cuerpo, mi corazón y mi virginidad!»