En ti están reunidas las ocho cualidades que obligan á inclinar la frente al más sabio:

La ciencia, la fuerza, el poderío, la generosidad, la elocuencia, la sagacidad, la fortuna y la victoria.

Encantado quedó el rey Ghayur cuando hubo oído tales alabanzas, y miró atentamente al astrólogo. Y era tal la hermosura de éste, que el rey cerró los ojos un momento, luego los volvió á abrir, y le dijo: «¡Siéntate á mi lado!» Después le dijo: «¡Mira, hijo mío, mejor estarías sin ese traje de médico! ¡Y mucho me alegraría de casarte con mi hija si consiguieras curarla! ¡Pero dudo de que lo logres! ¡Y como he jurado que nadie conservaría la vida después de haber visto la cara de la princesa, á no ser que la alcanzara por esposa, me vería obligado, muy contra mi gusto, á hacerte sufrir la misma suerte que á los cuarenta que te han precedido! ¡Contesta, pues! ¿Te allanas á las condiciones impuestas?»

Oídas estas palabras, Kamaralzamán dijo: «¡Oh rey afortunado! ¡vengo desde muy lejos á este país próspero para ejercer mi arte y no para callar! ¡Sé lo que arriesgo, pero no retrocederé!» Entonces el rey dijo al jefe de los eunucos: «¡Ya que insiste, guíale á la habitación de la princesa!»

Entonces ambos fueron al aposento de la princesa, y el eunuco, al ver que el joven apresuraba el paso, le dijo: «¡Infeliz! ¿Crees de veras que llegarás á ser yerno del rey?» Kamaralzamán dijo: «¡Así lo espero! Y además, estoy tan seguro de ganar, que sin moverme de aquí puedo curar á la princesa, demostrando á toda la tierra mi habilidad y mi sabiduría.» Oídas estas palabras, el eunuco, en el colmo del asombro, le dijo: «¡Cómo! ¿Puedes curarla sin verla? ¡Gran mérito el tuyo si es así!» Kamaralzamán dijo: «Aunque el deseo de ver á la princesa, que ha de ser mi esposa, me mueva á penetrar inmediatamente en su aposento, prefiero obtener su curación quedándome detrás del cortinaje de su cuarto.» El eunuco dijo: «¡Más sorprendente será la cosa!»

Entonces Kamaralzamán se sentó en el suelo, detrás del cortinaje del cuarto de Sett Budur, sacó del cinturón un pedazo de papel y recado de escribir, y redactó la siguiente carta...

En este momento de su narración, Schahrazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.

PERO CUANDO LLEGÓ
LA 204.ª NOCHE

Ella dijo: