Cuando la oyó, exclamó el rey: «¡Por Alah! Esta historia es tan pasmosa y maravillosa, que si se escribiera con agujas en el ángulo interior del ojo, sería motivo de asombro para quienes la leyeran con atención.» E inmediatamente la mandó escribir en los anales por los escribas más hábiles de palacio, para que se transmitiera de siglo en siglo á todas las generaciones futuras.

En el acto mandó llamar al kadí y á los testigos, para que se extendiera sin demora el contrato de matrimonio de Sett Budur con Kamaralzamán. Y mandó adornar é iluminar la ciudad siete noches y siete días; y se comió, y se bebió, y se disfrutó; y Kamaralzamán y Sett Budur llegaron al colmo de sus anhelos, y se amaron recíprocamente durante mucho tiempo entre fiestas, bendiciendo á Alah el Bienhechor.

Pero una noche, después de cierto festín al cual habían sido invitados los principales personajes de las islas exteriores é interiores, y cuando Kamaralzamán había disfrutado de manera todavía más grata que la acostumbrada de las suntuosidades de su esposa, tuvo, dormido ya, un sueño en el cual vió á su padre, el rey Schahramán, que se le aparecía con la cara bañada en llanto, y le decía tristemente: «¿Cómo me abandonas así, ya Kamaralzamán? ¡Mira! ¡Voy á morir de dolor!»

Entonces Kamaralzamán se despertó sobresaltado, y despertó también á su esposa, y empezó á exhalar hondos suspiros. Y Sett Budur, ansiosa, le preguntó: «¿Qué te pasa, ojos míos? Si te duele el vientre, te haré en seguida un cocimiento de anís é hinojo. Y si te duele la cabeza, te pondré en la frente paños de vinagre. Y si has comido demasiado por la noche, te colocaré encima del estómago un panecillo caliente envuelto en una servilleta, y te daré á beber un poco de agua de rosas mezclada con jugo de otras flores...»

En este momento de su narración, Schahrazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.

PERO CUANDO LLEGÓ
LA 206.ª NOCHE

Ella dijo:

»...y te daré á beber un poco de agua de rosas mezclada con jugo de otras flores.» Kamaralzamán contestó: «Tenemos que marcharnos mañana ¡oh Budur! á mi país, cuyo rey, mi padre, está enfermo. Acaba de aparecérseme en sueños, y me aguarda allá llorando.» Budur contestó: «¡Escucho y obedezco!» Y aunque todavía era de noche, se levantó en seguida y fué en busca de su padre, el rey Ghayur, que estaba en el harén, y á quien con el eunuco mandó recado de que tenía que hablarle.

El rey Ghayur, al ver aparecer la cabeza del eunuco á aquellas horas, se quedó estupefacto, y le dijo: «¿Qué desastre vienes á anunciarme, ¡oh cara de alquitrán!?» El eunuco contestó: «La princesa Budur desea hablar contigo.» Él contestó: «Aguarda que me ponga el turbante.» Después de lo cual salió, y dijo á Budur: «Hija mía, ¿qué clase de pimienta has tragado, para estar en movimiento á estas horas?» Ella contestó: «¡Oh padre mío! Vengo á pedirte permiso para salir al amanecer hacia el país de Khaledán, reino del padre de mi esposo Kamaralzamán.» El rey dijo: «No me opongo, con tal de que vuelvas pasado un año.» Ella dijo: «¡Si, por cierto!» Y dió gracias á su padre por el permiso, besándole la mano, y llamó á Kamaralzamán, que también le dió las gracias.