«Hablaste de un modo excelente acerca de lo espiritual; pero ya es hora de ocuparse del cuerpo. ¡Explícanos ¡oh bella esclava! la formación del cuerpo del hombre, sus nervios, sus huesos y sus vértebras, y por qué á Adán se le llamó Adán!»
Ella contestó: «El nombre de Adán viene de la palabra árabe adim, que significa la piel, la superficie de la tierra, y se llamó así el primer hombre porque fué creado con un amasijo de tierra de diversas partes del mundo. En efecto, la cabeza de Adán se formó con tierra de Oriente, su pecho con tierra de la Kaaba, y sus pies con tierra de Occidente.
»En el cuerpo dispuso Alah siete puertas de entrada y dos puertas de salida: los dos ojos, las dos orejas, las dos narices y la boca, y por otra parte, una delantera y un ano.
»Luego, para dar un temperamento á Adán, el Creador reunió en él los cuatro elementos: agua, tierra, fuego y aire. He aquí por qué el temperamento bilioso tiene la naturaleza del fuego, que es cálido y seco; el temperamento nervioso tiene la naturaleza de la tierra, que es seca; el linfático tiene la naturaleza del agua, que es fría y húmeda; y el sanguíneo la naturaleza del aire, que es cálido y seco.
»Después de lo anterior, acabo Alah de constituir el cuerpo humano. Puso en él trescientos setenta conductos y doscientos cuarenta huesos. Le dió tres instintos: el instinto de la vida, el instinto de la reproducción y el instinto del apetito. Luego le puso un corazón, un bazo, pulmones, seis tripas, un hígado, dos ríñones, un cerebro, dos compañones, un nervio y una piel. Le dotó de cinco sentidos guiados por siete espíritus vitales. En cuanto al orden de los órganos, Alah puso el corazón en el lado izquierdo del pecho, y debajo de él extendió el estómago; puso también los pulmones para que sirviesen de abanicos al corazón; el hígado á la derecha para que fuese como la guarda del corazón, y por último el entrelazamiento de los intestinos y la articulación de las costillas.
»Respecto á la cabeza, se compone de cuarenta y ocho huesos; en cuanto al pecho, contiene veinticuatro costillas en el hombre y veinticinco en la mujer: esta costilla suplementaria se halla á la derecha y sirve para guardar al niño en el vientre de su madre, rodeándole y sosteniéndole.»
El sabio médico no pudo disimular su sorpresa; luego añadió: «¿Puedes ahora hablarnos de los síntomas de las enfermedades?»
Ella contestó: «Los síntomas de las enfermedades son externos é internos, y sirven para indicar la clase de dolencia y su grado de gravedad.
»Efectivamente, el hombre hábil en su arte sabe adivinar el mal nada más que con tomar el pulso al enfermo: de este modo averigua el grado de sequedad, de calor, de dureza, de frío y de humedad; sabe asimismo que si á un hombre le amarillean los ojos, es porque debe tener malo el hígado, y que si á otro se le encorva la espalda, es porque debe tener gravemente atacados de inflamación los pulmones.
»En cuanto á los síntomas internos que guían la observación del médico, son: los vómitos, los dolores, los edemas, los excrementos y la orina.»