«...¡Coged á ese joven y llevadle al hammam! Después le vestiréis suntuosamente, y me lo volveréis á presentar mañana por la mañana, á la primera hora del diván!» Y lo mandado se ejecutó al momento.

Sett Budur fué á buscar á su amiga Hayat-Alnefus, y le dijo: «¡Amiga mía, nuestro adorado está de vuelta! ¡Por Alah! He combinado un plan admirable para que nuestro encuentro no sea un golpe funesto para el que de jardinero se ve convertido en rey sin transición. Y es un plan que si se escribiera con una aguja en el ángulo interior del ojo, serviría de lección á los aficionados á instruirse.» Y Hayat-Alnefus se puso tan contenta que se echó en brazos de Sett Budur, y ambas aquella noche fueron muy formales, para prepararse á recibir con toda frescura al amado de su corazón.

Y por la mañana llevaron al diván á Kamaralzamán, suntuosamente vestido. Y el hammam había devuelto á su rostro todo su esplendor, y el traje ligero y bien ceñido realzaba su cintura fina y sus nalgas montañosas. Y todos los emires, personajes y chambelanes no se sorprendieron al oir al rey decir al gran visir: «¡Darás á este joven cien esclavos para que le sirvan, y le proporcionarás por cuenta del Tesoro emolumentos que sean dignos del cargo que le voy á conferir ahora mismo.» Y le nombró visir entre los visires, y le dió tren de casa y caballos, y mulos y camellos, sin contar arcas llenas y armarios. Después se retiró.

Al día siguiente, Sett Budur—siempre bajo la apariencia del rey de la isla de Ébano—mandó comparecer al nuevo visir, y destituyó de su empleo al gran visir, y después nombró á Kamaralzamán gran visir en su lugar; y Kamaralzamán entró en seguida en el Consejo, y la asamblea fué dirigida por su autoridad. Sin embargo, cuando se levantó la sesión del diván, Kamaralzamán empezó á reflexionar profundamente, y dijo para sí: «¡Los honores que me otorga este joven monarca y la amistad con que me honra deben tener seguramente algún origen! Pero ¿cuál sera? Los marineros me cogieron y trajeron aquí acusado de haber ensartado á un niño cuando suponían que fuese yo un ex cocinero del rey. Y éste, en vez de castigarme, me envía al hammam, y me dan un alto cargo y todo lo demás. ¡Oh Kamaralzamán! ¿Cuál puede ser la causa de suceso tan extraño?»

Reflexionó otro rato, y después exclamó: «¡Por Alah! ¡He dado con la causa; pero sea confundido Eblis! Seguramente este rey, que es muy joven y hermoso, debe de creerme aficionado á muchachos, y sólo me demuestra tanta amabilidad por esto. Pero ¡por Alah! no puedo aceptar semejante función. Y es necesario poner en claro sus proyectos; y si efectivamente pretendiera eso de mí, le devolvería en el acto cuanto me ha dado, y abdicaría mi empleo de gran visir, y me volvería á mi jardín.» Y Kamaralzamán fué inmediatamente á ver al rey, y le dijo: «¡Oh rey afortunado! En verdad que colmaste á tu esclavo de honores y consideraciones, que no suelen otorgarse mas que á venerables ancianos encanecidos en la sabiduría; y yo no soy mas que un joven entre los más jóvenes. De modo que si todo esto no tuviera una causa desconocida, sería el prodigio más inmenso entre los prodigios.»

Oídas estas palabras, Sett Budur sonrió y miró á Kamaralzamán con ojos lánguidos, y le dijo: «Efectivamente, mi hermoso visir, todo eso tiene su causa, y es el cariño que tu belleza ha encendido súbitamente en mi hígado. Pues en verdad que me ha cautivado en extremo tu tez tan delicada y tranquila.» Y Kamaralzamán dijo: «¡Prolongue Alah los días del rey! Pero tu esclavo tiene una esposa á quien ama, y por la cual llora todas las noches desde una aventura extraña que le alejó de ella. ¡Por eso, ¡oh rey! tu esclavo te pide permiso para irse á viajar después de haber dejado en tus manos los cargos con que has tenido á bien honrarle!»

Pero Sett Budur cogió la mano al joven, y le dijo: «¡Oh mi hermoso visir, siéntate! ¿Por qué vienes á hablarme de viaje y partida? Quédate aquí, junto al que arde por tus ojos y está dispuesto, si quieres compartir su pasión, á hacerte reinar con él en este trono. Porque has de saber que yo también fuí nombrado rey á consecuencia del afecto que el rey viejo me manifestó, y de lo amable que para él he sido. Ponte ya al corriente ¡oh joven gentilísimo! de las costumbres de este siglo, en el cual la prioridad corresponde de derecho á los seres bellos, y no olvides las acertadas frases de uno de nuestros más exquisitos poetas...

En este momento de su narración, Schahrazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.

PERO CUANDO LLEGÓ
LA 232.ª NOCHE