Ella dijo:

»...y no olvides las acertadas frases de uno de nuestros más exquisitos poetas:

¡Nuestro siglo recuerda aquellos tiempos delicados en que vivía el venerable Lot, pariente de Abraham, el amigo de Alah!

¡El anciano Lot tenía una barba como la sal, que servía de marco á un rostro juvenil, en el cual respiraban las rosas!

¡En su ciudad ardiente, visitada por ángeles, hospedaba á los ángeles, y en cambio daba sus hijas á la muchedumbre!

¡El cielo mismo le libró de su antipática mujer, inmovilizándola al cuajarla en sal fría y sin vida!

¡En verdad os digo que este siglo encantador pertenece á los jóvenes!»

Cuando Kamaralzamán oyó estos versos y comprendió su significado, quedóse turbadísimo y se sonrojaron como un ascua sus mejillas; después dijo: ¡Oh rey! Tu esclavo te confiesa su falta de afición á esas cosas, á las cuales no pudo acostumbrarse. Además, soy harto joven para soportar pesos y medidas que no podría tolerar la espalda de un ganapán viejo.»

Al oir estas palabras, Sett Budur se echó á reir á carcajadas, y luego dijo á Kamaralzamán: «¡Verdaderamente, ¡oh joven delicioso! no sé por qué te asustas! Oye lo que tengo que decirte respecto al particular: ó eres un adolescente ó una persona mayor. Si eres lo primero y no has llegado á la edad de la responsabilidad, nada te podrán echar en cara, pues no deben censurarse ni considerarse con mirada dura y violenta los actos sin importancia de los menores; si tienes una edad responsable, y así me lo parece al oirte discutir con tanto raciocinio, ¿por qué has de vacilar ni asustarte, ya que eres dueño de tu cuerpo y puedes dedicarlo al uso que prefieras, y lo que está escrito sucede? Sobre todo, piensa que yo soy el que debería asustarse, puesto que soy más pequeño que tú; pero me aplico estos versos tan perfectos del poeta: