¡Estando mirándome el niño, mi zib se movió! Entonces exclamó él: «¡Es enorme!» Y yo le dije: «¡Así es fama!»

Él replicó: «¡Apresúrate á demostrarme su heroísmo y resistencia!» Pero yo le dije: «¡Eso no es lícito!» Él me replicó: «¡Para mí es muy lícito! ¡Apresúrate á manejarlo!» ¡Entonces lo hice, pero sólo por obediencia y cortesía!»

Cuando Kamaralzamán oyó tales palabras y versos, vió que la luz se convertía en tinieblas delante de sus ojos, y bajó la cabeza, y dijo á Sett Budur: ¡Oh rey lleno de gloria! ¡Tienes en tu palacio muchas jóvenes y esclavas, y vírgenes muy bellas, y tales como ningún rey de este tiempo las posee! ¿Por qué has de abandonar todo eso á mí solo? ¿No sabes que te es lícito hacer con las mujeres cuanto pueda atraer tus deseos ó alentar tu curiosidad y provocar tus ensayos?»

Pero Sett Budur sonrió, cerrando á medias los párpados y mirándole de reojo, y después contestó: «Nada más cierto que lo que dices, ¡oh mi prudente visir tan hermoso! pero ¿qué hacer cuando nuestra afición varía de deseo, cuando nuestros sentidos se afinan ó transforman, y cuando cambia la naturaleza de nuestro humor? Mas dejémonos de una discusión que no conduce á nada, y oigamos lo que dicen respecto á eso nuestros poetas más estimados. Escucha alguno de sus versos:

»Uno ha dicho:

¡He aquí los puestos apetitosos en el zoco de los fruteros! ¡Encuentras á un lado, en la bandeja de palma, los higos gordos, de trasero oscuro y simpático! ¡Oh! ¡Pero mira la bandeja grande en el sitio de preferencia! ¡He aquí los frutos del sicomoro, los frutos pequeños, de trasero sonrosado, del sicomoro!

»El segundo ha dicho:

¡Pregunta á la joven por qué, cuando los pechos se le endurecen y el fruto le madura, prefiere el sabor ácido de los limones á las sandías dulces y á las granadas!

»Otro ha dicho:

¡Oh mi única beldad! ¡oh muchachito! ¡Tu amor es mi fe! ¡Es para mí la religión preferida entre todas las creencias!