¡Por ti he dejado á las mujeres, hasta el punto de que mis amigos han observado esta abstinencia, y han supuesto ¡ignorantes! que me había hecho monje y religioso!
»Otro ha dicho:
¡Oh Zeinab de pechos morenos, y tú, Hind de trenzas teñidas con arte! ¿no sabéis por qué hace tanto tiempo que desaparecí?
¡He encontrado las rosas—las que suelen verse en las mejillas de las jóvenes—, he encontrado esas rosas, no en mejillas de una joven, ¡oh Zeinab! sino en las posaderas fundamentales y aterciopeladas de mi amigo! ¡He ahí por qué ¡oh Hind! ya no podrá atraerme nunca tu cabellera teñida, ni tampoco ¡oh Zeinab! tu jardín arrasado, al cual le falta el vello, ni siquiera tus posaderas demasiado lisas, que carecen de granulación!
»Otro ha dicho:
¡Cuida de no hablar mal de ese gamo joven, comparándole sencillamente, porque es imberbe, con una mujer! ¡Es preciso ser un malvado para decir ó pensar semejante cosa! ¡Hay diferencia!
¡En efecto, cuando te acercas á una mujer, es por delante; y por eso te besa en la cara! ¡Pero el gamo joven, cuando te acercas á él, tiene que encorvarse, y de esa manera ¡figúrate! besa la tierra! ¡Hay diferencia!
»Otro ha dicho:
¡Oh hermoso niño, eras mi esclavo, y te liberté para utilizarte en ataques infecundos! ¡Porque tú, siquiera, no puedes criar huevos en tu seno!