¡En efecto, qué espantoso sería para mí aproximarme á una mujer virtuosa de anchas caderas! ¡En cuanto la cabalgase, me daría tantos hijos, que no podría contenerlos toda la comarca!
»Otro ha dicho:
¡Mi esposa me dirigió tantas miradas picarescas y se puso á mover las caderas con tanta elasticidad, que me dejé arrastrar á nuestro lecho, largo tiempo evitado! ¡Pero no pudo lograr que se despertase el querido niño á quien solicitaba!
Entonces me gritó, furiosa: «¡Si no le obligas inmediatamente á endurecerse para cumplir sus deberes y penetrar, no te asombres si mañana, al despertarte, eres cornudo!»
»Otro ha dicho:
¡Generalmente se piden á Alah mercedes y beneficios levantando los brazos! ¡Pero las mujeres son de otro modo! ¡Para solicitar los favores de su amante levantan las piernas y los muslos! ¡El ademán es seguramente más meritorio, pues se dirige á sus profundidades!
»Por último, otro ha dicho:
¡Qué ingenuas son á veces las mujeres! ¡Como tienen trasero, se figuran que nos lo pueden ofrecer en caso necesario por analogía! ¡He demostrado á una de ellas cuánto se equivocaba!
¡Esta joven había venido á buscarme con una vulva en verdad lo más excelente posible! Pero yo le dije: «¡No hago esas cosas de tal manera!»