¡Ven, amigo! ¡Seamos lo bastante generosos para dar la razón á nuestros enemigos, y ya que sospechan una cosa, hagámosla siquiera una vez! ¡Después nos arrepentiremos, si te parece! ¡Ven, amigo dócil, á trabajar conmigo para dejar en paz la conciencia de nuestros acusadores!»
Y Sett Budur se levantó rápidamente y lo arrastró hacia los anchos colchones tendidos en la alfombra, mientras él trataba de defenderse algo y meneaba la cabeza con aspecto resignado, suspirando: «¡No hay recurso mas que en Alah! ¡Todo ocurre por orden suya!» Y como Sett Budur le hostigaba impaciente para que se diera prisa, se quitó los anchos calzones bombachos, después el calzón de hilo, y se vió derribado de pronto encima de los colchones por el rey, que se tendió junto á él y le cogió en brazos. Y el rey le dijo: «¡Verás cómo ni los mismos ángeles sabrían darte una noche como ésta!» Y el rey añadió: «¡Oh! ¡Arrímate!» Y le echó las dos piernas alrededor de los muslos, y le dijo: «¡Oh, dame la mano, pónmela entre los muslos para despertar á este niño y obligarlo á levantarse, porque lleva mucho tiempo dormido!» Y Kamaralzamán, algo cortado, le dijo: «¡No me atrevo!» El rey le dijo: «¡Voy á ayudarte!» Y le cogió la mano y se la paseó por entre los muslos.
Entonces Kamaralzamán notó que el contacto con los muslos del rey era muy delicioso, y más dulce que el tocar manteca, y más suave que el tocar seda. Y aquello le agradó mucho, y le incitó á explorar él solo lo de arriba y lo de abajo, hasta que su mano llegó á una cúpula que encontró muy movediza y verdaderamente llena de bendición. Pero por más que buscó por todas partes, no pudo encontrar el alminar. Y dijo para sí: «¡Oh Alah, qué misteriosas son tus obras! ¿Cómo podrá haber una cúpula sin alminar?» Después pensó: «Es probable que este rey encantador no sea hombre ni mujer, sino un eunuco blanco. ¡Eso resultaría mucho menos interesante!» Y le dijo al rey: «¡Oh rey, no sé, pero no encuentro al niño!»
Al oir estas palabras, á Sett Budur le dió tal acceso de risa, que le faltó poco para desmayarse...
En este momento de su narración, Schahrazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.
PERO CUANDO LLEGÓ
LA 235.ª NOCHE
Ella dijo:
...á Sett Budur le dió tal acceso de risa, que le faltó poco para desmayarse. Después se puso seria de repente, y recobró su antigua voz tan dulce y tan cantarina, y dijo á Kamaralzamán: «¡Oh esposo amadísimo, qué pronto has olvidado nuestras hermosas noches pasadas!» Y se levantó rápidamente, y tirando á lo lejos el traje y el turbante con que estaba disfrazada, apareció completamente desnuda, suelta la cabellera á lo largo de la espalda.
Al ver aquello, Kamaralzamán conoció á su esposa Budur, hija del rey Ghayur, señor de El-Buhur y de El-Kussur. Y la besó, y ella le besó, y la estrechó, y ella le estrechó, y después, ambos, llorando de alegría, se confundieron en besos encima del diván. Y ella, entre otros mil, le recitó estos versos: