¡He aquí á mi amado! ¡Es el bailarín de cuerpo armonioso! ¡Miradle cuando avanza con pie flexible y ligero!

¡Hele aquí! ¡No creáis que sus piernas se quejen del peso enorme que las precede, y que constituiría una buena carga para un camello!

¡He aquí á mi amado! ¡Como alfombra tendí por su camino las flores de mis mejillas, ¡oh dicha mía! ¡Y el polvo de sus suelas fué un bálsamo bienhechor para mis ojos!

¡En el rostro de mi amado ¡oh hijas de Arabia! vi bailar á la aurora! ¿Cómo olvidar sus encantos y su dulzura?...

Después de lo cual, la reina Budur contó á Kamaralzamán cuanto le había ocurrido, desde el principio hasta el fin. Lo mismo hizo él, y después la reconvino, y le dijo: «¡Es realmente una enormidad lo que has hecho conmigo esta noche!» Ella contestó: «¡Por Alah! ¡No era mas que una broma!» En seguida siguieron sus retozos entre muslos y brazos hasta que amaneció.

Entonces la reina Budur se juntó con el rey Armanos, padre de Hayat-Alnefus, le contó la verdad de su historia, y le reveló que su hija la joven Hayat-Alnefus era todavía tan completamente virgen como antes.

Cuando el rey Armanos, dueño de la isla de Ébano, oyó estas palabras de Sett Budur, hija del rey Ghayur, se maravilló hasta el límite del asombro, y mandó que historia tan prodigiosa se escribiera con letras de oro sobre pergaminos ilustres. Después se volvió hacia Kamaralzamán y le preguntó: «¡Oh hijo del rey Schahramán! ¿quieres entrar en mi parentela aceptando como segunda esposa á mi hija Hayat-Alnefus, que está aún intacta de toda sacudida?» Kamaralzamán contestó: «Antes tengo que consultar con mi esposa Sett Budur, á quien debo respeto y amor.» Y se volvió hacia la reina Budur, y le preguntó: «¿Puedo contar con tu consentimiento para tomar á Hayat-Alnefus como segunda esposa?» Budur contestó: «¡Sí, por cierto; pues yo misma te la he reservado para festejar tu regreso! ¡Y me contentaré con ocupar el segundo puesto, pues debo mucha gratitud á Hayat-Alnefus por sus amabilidades y su hospitalidad!»

Entonces Kamaralzamán se volvió hacia el rey Armanos, y le dijo: «¡Mi esposa Sett Budur me ha contestado aceptando lo propuesto, y diciéndome que en caso necesario se daría por muy contenta con ser esclava de Hayat-Alnefus!»

Al oir estas palabras, el rey Armanos se regocijó hasta el límite del regocijo, y fué á sentarse para aquel caso en el trono de justicia, y mandó reunir á todos los emires, visires, chambelanes y notables del reino, y les contó la historia de Kamaralzamán y su esposa Sett Budur, desde el principio hasta el fin. Luego les comunicó su proyecto de dar á Hayat-Alnefus por segunda esposa á Kamaralzamán, y nombrarle al mismo tiempo rey de la isla de Ébano, en lugar de su esposa, la reina Budur. Y todos besaron la tierra entre sus manos, y respondieron: «¡Desde el momento en que Kamaralzamán es el esposo de Sett Budur, que ha reinado antes en este trono, le aceptamos con júbilo por nuestro rey, y nos consideramos dichosos con ser sus esclavos fieles!»

Después de estas palabras, el rey Armanos se entusiasmó hasta el límite más extremo del entusiasmo, é inmediatamente mandó llamar á los kadíes, testigos y jefes principales, y extender el contrato de boda de Kamaralzamán con Hayat-Alnefus.