Y con tal motivo hubo grandes festejos y festines maravillosos, y se sacrificaron millares de reses para los pobres y desgraciados, y hubo liberalidad para todo el pueblo y todo el ejército. Y no quedó nadie en el reino que no deseara larga vida y felicidad para el rey Kamaralzamán y sus dos esposas Budur y Hayat-Alnefus.
Y Kamaralzamán, á su vez, alardeó de tanta justicia al gobernar su reino como al contentar á sus dos esposas, pues pasaba una noche con cada una, alternativamente.
En cuanto á Sett Budur y á Hayat-Alnefus, vivieron siempre en perfecta armonía, dando las noches á su esposo, pero disfrutando juntas durante las horas del día.
Tras de lo cual, Kamaralzamán despachó correos á su padre, el rey Schahramán, para comunicarle todos aquellos felices sucesos y decirle que pensaba ir á verle en cuanto hubiera reconquistado una ciudad á orillas del mar que los infieles habían arrebatado á los musulmanes.
Mientras tanto, la reina Budur y la reina Hayat-Alnefus, fecundadas por Kamaralzamán, dieron cada una á su esposo un hijo varón, hermoso como la luna. Y todos vivieron con perfecta felicidad hasta el fin de sus días. Y tal es la historia maravillosa de Kamaralzamán y la princesa Budur.
Y Schahrazada, sonriendo, se calló.
Pero la pequeña Doniazada, la de las mejillas siempre blancas, se había puesto muy colorada, sobre todo al acabarse la historia, y los ojos se le habían agrandado de placer, de curiosidad y también de confusión, y había acabado por taparse la cara con las dos manos, pero mirando al través.
Y mientras Schahrazada, para rehacerse la voz, se mojaba los labios en una copa de cocimiento helado de pasas, palmoteando, exclamó: «¡Oh hermana, qué lástima que una historia tan maravillosa se acabe tan pronto! ¡Es la primera de ese género que oigo de tus labios! ¡Y no sé por qué me pongo tan colorada!»
Y Schahrazada, después de beber un sorbo, sonrió á su hermana con el rabillo del ojo, y le dijo: «Pues ¿qué será cuando hayas oído la Historia de Grano-de-Belleza?... Pero primero te he de contar la agradable Historia de Feliz-Bello y Feliz-Bella.»
Oídas estas palabras, Doniazada saltó de alegría y emoción, y exclamó: «¡Oh hermana, por favor! ¡Antes de empezar la historia de Feliz-Bello y Feliz-Bella, cuyos nombres ya me complacen infinito, dime quién es Grano-de-Belleza!»