Y Feliz-Bello, fuera de sí, corrió al palacio, y el gobernador le recibió sin hacerle esperar, por consideración hacia su padre Primavera, que era una de las personas más notables de la ciudad. Y Feliz-Bello, sin atender siquiera á las fórmulas obligatorias de la zalema, dijo al gobernador: «Mi esclava ha desaparecido de nuestra casa esta mañana en compañía de una vieja á la cual habíamos dado albergue. Vengo á rogarte que me ayudes á buscarla.» El gobernador, adoptando un tono lleno de interés, contestó: «¡En seguida, hijo mío! Estoy dispuesto á todo, por consideración á tu digno padre. Ve á buscar de mi parte al jefe de la guardia, y cuéntale el caso. Es hombre muy avisado y lleno de recursos, y sin duda alguna encontrará á la esclava dentro de pocos días.»

Entonces Feliz-Bello corrió á ver al jefe de la guardia, y le dijo: «Vengo á verte de parte del gobernador para encontrar á mi esclava, que ha desaparecido de mi hogar.» El jefe de la guardia, que estaba sentado en la alfombra, con las piernas cruzadas, resolló dos ó tres veces, y al fin preguntó: «¿Con quién se ha marchado?» Feliz-Bello respondió: «Con una vieja cuyas señas son estas y aquellas. Y la vieja va vestida de estameña, y lleva al cuello un rosario con millares de cuentas.» Y el jefe de la guardia dijo: «¡Por Alah! ¡Dime en dónde está la vieja, y en seguida iré á buscar á la esclava!»

A estas palabras, Feliz-Bello contestó: «Pero ¿y qué sé yo dónde está la vieja? ¿Vendría aquí si supiera dónde está?» El jefe de la guardia mudó de postura, colocando las piernas en sentido inverso, y dijo: «¡Hijo mío, únicamente Alah el Omnisciente es capaz de descubrir las cosas invisibles!» Entonces, Feliz-Bello, irritado hasta el límite, exclamó: «¡Por el Profeta! ¡A ti solo te haré responsable de esto! Y en caso necesario iré á ver al gobernador, y hasta al Emir de los Creyentes, para que sepan quién eres!» El otro contestó: «¡Puedes ir adonde te parezca! ¡No he estudiado hechicería, para adivinar las cosas ocultas!»

En seguida Feliz-Bello volvió á casa del gobernador, y le dijo: «¡He ido á ver al jefe de la guardia y ha pasado tal y cual cosa!» Y el gobernador dijo: «¡No es posible! ¡Hola, guardias! ¡Id á buscar á ese hijo de perro!» Y cuando llegó el jefe, el gobernador dijo: «¡Te mando que hagas las pesquisas más minuciosas para encontrar á la esclava de Feliz-Bello, hijo de Primavera! Envía á tus jinetes en todas direcciones. Corre tú también, y busca por todas partes. ¡Pero tienes que encontrarla!» Y al mismo tiempo le guiñó el ojo para que no hiciera nada. Después se volvió hacia Feliz-Bello, y le dijo: «¡En cuanto á ti, hijo mío, no quiero que tengas que reclamar en adelante esa esclava mas que á mí! ¡Y si por acaso (pues todo puede suceder) no se encontrara á la esclava, yo mismo te daré en su lugar diez vírgenes de la edad de las huríes, de pechos turgentes y nalgas duras y firmes como cubos de granito! ¡Y obligaré también al jefe de la guardia á darte de su harén diez esclavas jóvenes tan intactas como mis ojos! Pero tranquiliza tu alma, pues sabe que el Destino te otorgará siempre lo que te esté reservado, y por otra parte, nunca lograrás lo que no te haya destinado la suerte...»

En este momento de su narración, Schahrazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.

PERO CUANDO LLEGÓ
LA 242.ª NOCHE

Ella dijo:

»...nunca lograrás lo que no te haya destinado la suerte.»

Entonces Feliz-Bello se despidió del gobernador, y volvió desesperado á su casa, después de haber vagado toda la noche en busca de Feliz-Bella. Y á la jornada siguiente tuvo que guardar cama, presa de una extrema debilidad y de una calentura que creció de día en día, según perdía la esperanza que le quedaba respecto á las pesquisas ordenadas por el gobernador. Y los médicos consultados contestaron: «¡Su enfermedad no tiene otro remedio que el regreso de su esposa!»