Y desde entonces Grano-de-Belleza pasó todos los días en palacio, y no volvía á su casa hasta bien entrada la noche, y se acostaba feliz con su esposa, á quien contaba todos los sucesos del día.

El afecto del califa á Grano-de-Belleza fué acrecentándose diariamente, hasta el punto de que lo habría sacrificado todo antes que dejar sin satisfacer el menor deseo del joven, como lo demuestra el hecho siguiente:

El califa daba un concierto, al cual asistían sus íntimos amigos de siempre: Giafar, el poeta Abu-Nowas, Massrur y Grano-de-Belleza. Detrás del tapiz cantaba la propia favorita del califa, la más bella y perfecta de sus concubinas. Pero de pronto el califa miró fijamente á Grano-de-Belleza, y le dijo: «Amigo, estoy leyendo en tus ojos que te gusta mi favorita.» Y Grano-de-Belleza contestó: «¡Lo que gusta al amo debe gustar al esclavo!» Pero el califa exclamó: «¡Por mi cabeza y por la tumba de mis antepasados! ¡Grano-de-Belleza, te pertenece mi favorita desde este momento!» Y llamó en seguida al jefe de los eunucos, y le dijo: «¡Transporta á casa del gobernador de palacio todo el ajuar y las cuarenta esclavas de mi favorita Delicia-de-los-Corazones, y después llévala también á su casa en una silla de manos!» Pero Grano-de-Belleza dijo: «¡Por tu vida, ¡oh Príncipe de los Creyentes! dispensa á tu indigno esclavo de tomar lo que le pertenece al amo!» Entonces el califa comprendió la idea de Grano-de-Belleza, y le dijo: «¡Razón tienes! ¡Es probable que tu esposa tenga celos de mi ex favorita! ¡Quédese ésta, pues, en palacio!» Después se volvió hacia su visir Giafar, y le dijo: «¡Oh Giafar! Tienes que ir inmediatamente al zoco de los esclavos, pues hoy es día de mercado, y comprar en diez mil dinares la esclava más bella de todo el zoco. ¡Y la mandarás llevar en seguida á casa de Grano-de-Belleza!»

Giafar se levantó en el acto, fué al zoco de los esclavos, y rogó á Grano-de-Belleza que le acompañara para indicarle la que prefiriese.

Y el walí de la ciudad, emir Khaled, había ido también al zoco aquel día á comprar una esclava para su hijo, que acababa de llegar á la edad de la pubertad.

Porque el walí de la ciudad tenía un hijo. Pero este hijo era un muchacho tan feo, que haría abortar á una parturienta, contrahecho, hediondo, de aliento fétido, de ojos atravesados y de boca tan ancha como la vulva de una vaca vieja. Por eso le llamaban Gordo-Hinchado.

Precisamente la víspera por la noche había cumplido Gordo-Hinchado los catorce años, y su madre estaba alarmada hacía algún tiempo por no observar en él ningún síntoma de virilidad real. Pero no tardó en tranquilizarse al notar, la mañana de aquel día, que su hijo Gordo-Hinchado había copulado en sueños en la cama, dejando en ella huellas evidentes.

Tal observación había entusiasmado en extremo á la madre de Gordo-Hinchado, y la había hecho ir corriendo á ver á su esposo, al cual había comunicado la feliz nueva, obligándole á marchar inmediatamente al zoco, acompañado de su hijo, para comprarle una hermosa esclava que le conviniera.

Y el Destino, que está en manos de Alah, quiso que aquel día se encontraran en el zoco Giafar y Grano-de-Belleza con el emir Khaled y su hijo Gordo-Hinchado.

Después de las zalemas acostumbradas, se reunieron en un grupo y ordenaron que desfilaran por delante de ellos los corredores, cada cual con las esclavas blancas, morenas ó negras de que dispusiese.