Cuando hubieron descansado tres días en la casa, subieron todos juntos á la cama, que por orden de la princesa Hosn-Mariam les transportó sanos y salvos á Bagdad, en donde el califa recibió á Grano-de-Belleza, abrazándole cual á un hijo, y le colmó de empleos y honores, así como á su padre Schamseddin y á su hijo Aslán.

Después de lo cual, Grano-de-Belleza se acordó de que en resumen el primer promotor de su fortuna era Mahmud-el-Bilateral, que al principio le había obligado con tanto ingenio á viajar, y más tarde le había recogido desprovisto de todo en la plataforma de la fuente pública. Y mandó buscarle por todas partes, y acabó por encontrarlo sentado en un jardín en medio de muchachos, con los cuales cantaba y bebía. Y le rogó que fuera á palacio y le hizo nombrar, por muy bilateral que fuera, jefe de vigilancia de Bagdad, en lugar de Ahmed-la-Tiña.

Cumplido este deber, Grano-de-Belleza, dichoso al encontrar un hijo tan hermoso y valiente como el joven Aslán, dió gracias á Alah por sus favores. Y vivió años y años en Bagdad en el colmo de la ventura, entre sus tres esposas, Zobeida, Yazmina y Hosn-Mariam, hasta que fué visitado por la Destructora de delicias y Separadora de amigos. ¡Alabado sea el Inmutable, en el cual convergen todas las cosas creadas!»

Y Schahrazada, al concluir de contar esta historia, se sintió algo cansada, y se calló.

Entonces, el rey Schahriar, que había permanecido inmóvil de atención todo aquel tiempo, exclamó: «Esa historia de Grano-de-Belleza, ¡oh Schahrazada! es realmente extraordinaria, y la de Mahmud-el-Bilateral y la de Sésamo el corredor, con su receta para calentar los compañones fríos, me han gustado en extremo. Pero he de expresarte mi asombro al ver tan pocos poemas en esta historia, pues ya estaba acostumbrado á los versos espléndidos. Y además he de decirte que las cosas del Bilateral todavía son para mí algo oscuras, y me encantaría que me dieras una explicación más clara de ellas, si es que puedes.»

Al oir lo dicho por el rey Schahriar, Schahrazada sonrió ligeramente y miró á su hermana Doniazada, á la cual encontró muy divertida, y después dijo al rey: «Ahora que esta niña lo puede oir todo, ¡oh rey afortunado! quiero contarte una ó dos de las Aventuras del poeta Abu-Nowas, el más delicioso y encantador é ingenioso de todos los poetas del Irán y de la Arabia.

Y la pequeña Doniazada se levantó de la alfombra en que estaba acurrucada, y corrió á lanzarse en los brazos de su hermana, á quien abrazó tiernamente, y le dijo: «¡Oh, por favor, Schahrazada, empieza en seguida! ¡Serías muy amable si así lo hicieses, ¡oh hermana mía!» Y dijo Schahrazada: «¡Con mucho gusto, y como debido homenaje á este rey dotado de tan buenos modales!»

Pero como viese aparecer la mañana, Schahrazada, siempre discreta, aplazó el relato para el siguiente día.

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CUANDO LLEGÓ LA
270.ª NOCHE