La pequeña Doniazada esperó á que Schahrazada hubiese terminado su cosa con el rey Schahriar, y levantando la cabeza, exclamó: «¡Oh hermana mía! ¿qué aguardas para contarnos esas anécdotas del delicioso poeta Abu-Nowas, amigo del califa y el más encantador entre todos los poetas del Irán y de la Arabia?» Y Schahrazada sonrió á su hermana y le dijo: «¡Sólo espero el permiso del rey para narrar algunas aventuras de Abu-Nowas, que, efectivamente, era un exquisito poeta, pero un grandísimo libertino!»

Entonces la pequeña Doniazada se levantó de un salto y corrió á abrazar á su hermana, diciéndole: «¡Te ruego que nos enteres de lo que hizo! ¡Cuéntanoslo en seguida!»

Y el rey Schahriar, volviéndose hacia Schahrazada, le dijo: «Verdaderamente, Schahrazada, me agradará oir una ó dos de esas aventuras, que preveo son deliciosas. Pero he de hacerte observar que esta noche me atraen más elevados pensamientos y me hallo predispuesto á oir de tu boca algunas palabras de sabiduría. ¡Así, pues, si te acuerdas de cualquier historia que pueda adiestrarme en el conocimiento de los preceptos buenos y haga que mi espíritu se aproveche de la experiencia de los prudentes y los sabios, no creas que dejaría de interesarme! ¡Al contrario! Luego, si no se acaba mi paciencia, podrás, Schahrazada, entretenerme con esas aventuras de Abu-Nowas.»

Al oir tales palabras del rey Schahriar, Schahrazada apresuróse á responder: «Precisamente, ¡oh rey afortunado! durante todo el pasado día medité sobre la historia de una joven admirable de belleza y de sabiduría y á quien llamaban Simpatía. ¡Y estoy pronta á comunicarte cuanto sé de su conducta y de sus maravillosos conocimientos!»

Y exclamó el rey Schahriar: «¡Por Alah! ¡no tardes más en ponerme al corriente de lo que me anuncias! Porque nada me es tan grato como escuchar doctas palabras dichas por jóvenes hermosas. Y anhelo mucho que la historia prometida me satisfaga por completo, y á la vez me sea provechosa y me sirva cual ejemplo de la instrucción que debe poseer todo buen musulmán.»

Entonces Schahrazada reflexionó un instante, y después de levantar un dedo, dijo: