Él exclamó: «¡Ya Alah! ¡Excelente es esta respuesta! Pero ¿no requiere antes la oración preparativos indispensables?»
Ella contestó: «¡Ciertamente! ¡Es necesario purificarse por completo el cuerpo con las abluciones rituales, vestir trajes sin mácula, escoger un lugar limpio y claro, preservar la parte del cuerpo comprendida entre el ombligo y las rodillas, abrigar intenciones puras y volverse hacia la Kaaba, en dirección á la Meca santa!»
«¿Qué valor tiene la plegaria?»
«¡Es el sostén de la fe, en la que se basa!»
«¿Cuáles son los frutos de la oración? ¿Cuál es su utilidad?»
«La plegaria verdaderamente hermosa no tiene utilidad terrena. ¡Es sólo el lazo espiritual entre la criatura y su Señor! ¡Puede producir diez frutos inmateriales y mucho más hermosos que los tangibles; aclara el corazón, ilumina el semblante, complace al Clementísimo, excita el furor del Maligno, atrae la misericordia, aleja los maleficios, preserva del mal, resguarda contra los atentados de los enemigos, fortalece al espíritu vacilante y acerca el esclavo á su dueño!»
«¿Cuál es la llave de la plegaria? ¿Y cuál es la llave de esta llave?»
«La llave de la plegaria es la ablución, y la llave de la ablución es la fórmula inicial: «¡En el nombre de Alah el Clemente sin límite, el Misericordioso!»
«¿Qué prescripciones han de seguirse para la ablución?»
«Según el rito ortodoxo del imán El-Schafiy ben-Idris, seis: la intención de purificarse sin otra mira que la de ser agradable al Creador; la ablución del rostro primeramente; la ablución de las manos hasta el codo; el frotamiento de parte de la cabeza; la ablución de los pies, incluso los talones, hasta los tobillos, y un orden estricto en el cumplimiento de estos diversos actos. Y tal orden implica la observancia de doce condiciones bien precisas, á saber: