»Primero pronunciar la fórmula inicial: «¡En el nombre de Alah!»; lavarse las palmas de las manos antes de sumergirlas en la jofaina; enjuagarse la boca; lavarse las narices tomando agua en el hueco de la mano y sorbiendo; frotarse toda la cabeza y frotarse las orejas al exterior y al interior con otra agua; peinarse la barba con los dedos; torcerse los dedos de pies y manos, haciendo que rechinen; utilizar el pie derecho antes que el pie izquierdo; repetir cada ablución tres veces; pronunciar el acto de fe después de cada ablución, y por último, una vez terminadas las abluciones, recitar además esta fórmula piadosa: «¡Oh Dios mío! ¡Cuéntame en el número de los arrepentidos, de los puros y fieles servidores! ¡Loor á mi Dios! ¡Confieso que no hay más Dios que Tú! ¡Tú eres mi refugio; de Ti imploro el perdón de mis culpas lleno de arrepentimiento! ¡Amín!»

»Esta fórmula, en efecto, es la que el Profeta (¡con Él la plegaria y la paz!) nos ha recomendado que recitemos, cuando dijo: «¡A quien la recite le abriré de par en par las ocho puertas del Edén y podrá entrar por la puerta que le plazca!»

El sabio dijo: «¡En verdad que contestaste de un modo excelente! Pero ¿qué hacen los ángeles y los demonios junto á aquel que practica sus abluciones?»

Simpatía respondió: «Cuando el hombre se prepara á verificar sus abluciones, los ángeles se colocan á su derecha y los diablos á su izquierda; pero no bien pronuncia la fórmula inicial: «¡En el nombre de Alah!», los diablos se ponen en fuga, y los ángeles se aproximan á él, desplegando sobre su cabeza un dosel luminoso de forma cuadrada que sostienen por las cuatro puntas, y cantan alabanzas á Alah é imploran el perdón de los pecados de aquel hombre. Pero en cuanto se olvida él de invocar el nombre de Alah ó deja de pronunciarlo, los diablos vuelven...

En este momento de su narración, Schahrazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.

PERO CUANDO LLEGÓ
LA 275.ª NOCHE

Ella dijo:

»...los diablos vuelven tumultuosos, y trabajan todo lo posible por turbarle el alma, sugerirle la duda y enfriarle el espíritu y el fervor.

»Cuando el hombre hace sus abluciones, es obligatorio que corra el agua por todo su cuerpo, por todos sus pelos visibles ó secretos y por sus miembros sexuales, debiendo también frotarse por todas partes y no lavarse los pies hasta lo último.»