»Por lo que se refiere al oro, si sólo posee una suma inferior á veinte dracmas de oro de la Meca, no hay que pagar ningún diezmo; pasando de esa suma, se da el tres por ciento. Lo mismo ocurre con la plata en la proporción correspondiente.

»Por lo que se refiere al ganado, quien posee cinco camellos paga un carnero; quien posee veinticinco camellos da uno como diezmo, y así sucesivamente en la misma proporción.

»Por lo que se refiere á carneros y borregos, de cada cuarenta se da uno. Y así sucesivamente con todo lo demás.»

El sabio dijo: «¡Perfectamente! ¡Háblame ahora del ayuno!»

Simpatía contestó: «El ayuno consiste en abstenerse de comer, de beber y de goces sexuales durante el día y hasta la puesta del sol, en el transcurso del mes de Ramadán, desde que sale la luna nueva. Es recomendable abstenerse igualmente, durante la comida, de todo discurso vano y de cualquier lectura que no sea la del Korán.»

El sabio preguntó: «Pero ¿no hay ciertas cosas que á primera vista parece que hacen ineficaz el ayuno, aunque, según enseña el Libro, no aminoran en nada su valor?»

Ella contestó: «En efecto, hay cosas que no hacen ineficaz el ayuno. Son las pomadas, los bálsamos y los ungüentos; el kohl para los ojos y los colirios; el polvo del camino; la acción de tragar saliva; las eyaculaciones nocturnas ó diurnas de licor viril cuando son involuntarias; las miradas dirigidas á una extranjera que no sea musulmana; la sangría ó las ventosas simples ó escarificadas. Tales son todas las cosas que no quitan ninguna eficacia al ayuno.»

Dijo el sabio: «¡Está muy bien! ¿Y qué piensas del retiro espiritual?»

Dijo ella: «El retiro espiritual es una estancia de larga duración en una mezquita, sin salir nunca mas que para satisfacer una necesidad, y renunciando al comercio con las mujeres y al uso de la palabra. La recomienda la Sunna; pero no es una obligación dogmática.»

Dijo el sabio: «¡Admirable! ¡Deseo ahora oirte hablar de la peregrinación!»