— No le pregunto más. Me considero culpable; Ren y yo hemos hecho recaer sobre usted todo el peso de la decisión.

— Es mi deber, como mayor en experiencia. No es culpa suya que la tarea haya resultado tan grande y peligrosa en extremo. Ello me entristece y apena…

Ren Boz fue el primero en proponer el regreso al campamento provisional de la expedición. Los tres, abatidos, echaron a andar arrastrando los pies por la arena y deplorando cada uno a su manera el haber tenido que renunciar al inaudito experimento.

Dar Veter miraba de reojo a sus compañeros y pensaba que él era el que más sufría.

Había en lo hondo de su ser un temerario arrojo con el que venía luchando toda su vida.

Se parecía en algo a los antiguos bandoleros: ¿por qué había sentido con tanta plenitud el goce de la astuta liza con el toro?… Y su alma se sublevaba contra la decisión tomada, decisión sensata, pero no intrépida.

Capítulo VI. LA LEYENDA DE LOS SOLES AZULES

La médica Luma Lasvi y el biólogo Eon Tal salieron del camarote-enfermería. Erg Noor se abalanzó hacia ellos.

— ¿Cómo está Niza?