Eon Tal no se turbó.
— ¡Estoy convencido de que Niza se salvará! Los médicos de aquí quieren empezar inmediatamente el tratamiento. Han recibido instrucciones del propio Grim Shar, el director del laboratorio de parálisis generales…
— ¿Se sabe ya qué tiene ella?
— Todavía no. Pero está claro que Niza ha sido lesionada por una corriente de un género que altera el quimismo de los ganglios nerviosos de los sistemas autónomos. Si se encuentra el medio de neutralizar su efecto, extraordinariamente prolongado, la muchacha será curada. Pues nosotros hemos descubierto ya el mecanismo de las parálisis psíquicas persistentes, que durante tantos siglos se consideraron incurables. Éste es algún mal análogo, pero causado por un agente externo. Cuando se hagan experimentos con mis cautivos, estén vivos o muertos, ¿recobraré el movimiento de mi brazo?
La vergüenza contrajo el rostro del jefe de la expedición. En su dolor, se había olvidado de lo mucho que el biólogo hiciera por él. ¡Aquello era impropio de un hombre cabal!
Tomó la diestra de Eon Tal, y los dos científicos se expresaron su mutua simpatía con un fuerte apretón de manos, siguiendo la antigua costumbre varonil.
— ¿Cree usted que los órganos mortíferos de los acalefos negros y de esa asquerosidad cruciforme son del mismo género? — preguntó Erg Noor.
— No lo dudo. La prueba la tengo en mi brazo y en la mano — repuso el biólogo, sin advertir el retruécano —. En la acumulación y la modificación de la energía eléctrica se expresa la adaptación vital de esos seres negros, moradores de un planeta rico en electricidad. Son auténticos carniceros; en cuanto a sus víctimas, no las conocemos por ahora.
— Sin embargo, recuerde usted lo que nos ocurrió a todos, cuando Niza…
— Eso es otra cosa. He meditado mucho sobre el particular. Al aparecer la terrible cruz, se expandió un infrasonido potentísimo, emanante de ella, que anuló nuestra voluntad. En ese mundo de las tinieblas hasta los sonidos son también negros, inaudibles. Luego de subyugar la conciencia con el infrasonido, ese ser actúa con un poder hipnótico más fuerte que el de nuestras grandes serpientes, hoy desaparecidas, como la anaconda. Ahí tiene lo que estuvo a punto de costamos la vida, de no haber sido por Niza…