— Tenía usted razón al afirmar que el pintor, mejor dicho, el arte en general, va siempre, inevitablemente, a la zaga del impetuoso progreso de la ciencia y la técnica — decía Dar Veter.

— No me ha entendido usted — replicó Kart San —. El arte ha corregido ya sus errores y comprendido cuál es su deber ante la humanidad. He dejado de crear formas monumentales, deprimentes, de representar el fausto y la grandeza, que en realidad no existen, pues eso es lo exterior. El más importante deber del arte consiste en desarrollar el lado emotivo del ser humano. Sólo el arte tiene poder de preparar y disponer nuestra psique para las impresiones más complejas. ¿Quién no conoce esa maravillosa facilidad perceptiva que da una preparación previa con ayuda de la música, los colores, la forma?…

¡Y hasta qué punto es inaccesible, cerrada, el alma cuando se trata de penetrar en ella brutalmente, con violencia! Ustedes, los historiadores, saben mejor que nadie cuántas calamidades ha soportado la humanidad en su lucha para desarrollar y cultivar el lado emotivo de la psique.

— En el pasado lejano, hubo un período en que el arte tendía hacia las formas abstractas — indicó Veda Kong.

— El arte tendía hacia la abstracción, imitando a la razón, que tenía ya una primacía evidente sobre todo lo demás. Pero las artes no pueden ser expresadas abstractamente, a excepción de la música, que ocupa un lugar especial y es también absolutamente concreta a su manera. Aquél era un camino falso.

— ¿Y cuál es, a su parecer, el verdadero?

— Yo creo que el arte es el reflejo de la lucha e inquietudes del mundo en los sentimientos de las gentes; a veces, una ilustración de la vida, pero bajo el control de la conveniencia debida. Esta conveniencia es precisamente la belleza, sin la cual yo no concibo la dicha ni el sentido de la vida. De lo contrario, el arte degenera fácilmente en caprichosas invenciones, sobre todo cuando no se tienen suficientes conocimientos de la vida y de la historia…

— Pues yo he deseado siempre — intercaló Dar Veter — que el arte se aplique a vencer y transformar el mundo, en vez de limitarse a percibirlo.

— ¡De acuerdo! — exclamó Kart San —. Pero a condición de que eso se refiera no sólo al mundo exterior, sino, fundamentalmente, al mundo interior de las emociones del hombre. A su educación… haciéndole comprender todas las contradicciones…

Evda Nal puso sobre la mano de Dar Veter la suya, firme y cálida.