Solamente después de ello podré pasar a la síntesis, a la creación de la imagen de la mujer actual, que reúne los mejores rasgos de estas tres antepasadas suyas.
— ¿Y por qué pinta usted sólo «hijas», y no «hijos»? — preguntó Veda, sonriendo.
— ¿Es que hay que explicar que la belleza es siempre más acabada en la mujer y más refinada por las leyes fisiológicas?… — repuso el pintor, frunciendo el ceño.
— Cuando vaya usted a pintar su tercer cuadro, fíjese bien en Veda Kong — le aconsejó Evda Nal —. Es poco probable que…
El pintor la interrumpió, levantándose de un salto.
— ¿Cree usted que no lo veo? Mas lucho conmigo mismo para que no penetre en mí su imagen ahora, cuando estoy pleno de otra. Pero Veda…
— Sueña con la música — dijo ésta, enrojeciendo un poco —. ¡Lástima que el piano de aquí sea solar y esté enmudecido por la noche!
— ¿Es del sistema que funciona a base de semiconductores que canalizan la luz solar?
— inquirió Ren Boz, inclinando el cuerpo sobre el brazo del sillón —. En ese caso, yo podría adaptarlo a la corriente del receptor de radio.
— ¿Eso requiere mucho tiempo? — preguntó Veda, alegrándose.