— Eso es demasiado vago — le indicó Dar Veter, con ceño.

— Quizá Tor lo explique mejor — contestó turbado Dis —. Yo no puedo hacerlo aún…

El otro muchacho se puso colorado, pero aguantó la escudriñadora mirada.

— Dis quería hablarle del ritmo del mecanismo de la herencia. El organismo vivo, al formarse de la célula materna, se enriquece con acordes moleculares. El par espiral primitivo se desarrolla siguiendo un plan análogo al de la sinfonía. Dicho de otra manera:

¡el programa de formación del organismo, mediante las células vivas, es musical!

— ¡Ah! ¿sí? — exclamó Dar Veter, con exagerado asombro —. Pero, en ese caso, ¿toda la evolución de la materia orgánica e inorgánica se reduce, según vosotros, a una sinfonía colosal?!

— Sí, cuyo plan y ritmo son regidos por las leyes físicas fundamentales. Solamente hace falta comprender la estructura del programa y lo que informa ese mecanismo líricocibernético — confirmó, con juvenil suficiencia, Tor An.

— ¿De quién es la idea?

— De mi padre, Zig Zor. Hace poco ha publicado su trece sinfonía cósmica en fa menor, de tonalidad cromática 4,750..

— ¡La oiré sin falta! Me gusta el color azul… Bueno, pero vuestros proyectos inmediatos son «los trabajos de Hércules». ¿Sabéis ya cuáles os han sido señalados?