— ¡Interesante encargo! Mas ésa es una tarea colectiva, lo mismo que la del camino del lago.
— ¡Oh, tenemos un buen grupo!.. Pero quieren pedirle una cosa: que sea usted también su mentor. ¡Eso sería magnífico!
Dar Veter manifestó sus dudas de que pudieran llevar a cabo la sexta empresa. Sin embargo, los chicos, saltando de contento, le aseguraron gozosos que Zig Zor «en persona» había prometido asumir la dirección de la misma.
— Dentro de un año y cuatro meses, yo encontraré un gran quehacer en Asia Central — les anunció Dar Veter, observando con satisfacción sus juveniles rostros radiantes.
— ¡Cuánto me alegro de que haya usted dejado de dirigir las estaciones! — exclamó Dis Ken —. ¡Yo ni siquiera pensaba que iba a trabajar con un mentor semejante!.. — y de pronto, el muchacho enrojeció hasta tal punto, que su frente se perló de sudor. Tor se apartó de él, con gesto de reproche.
Dar Veter se apresuró a echar una mano al hijo de Grom Orm, para sacarle de su azoramiento.
— ¿Tenéis mucho tiempo libre?
— Sólo nos han dado un permiso de tres horas. Hemos traído un enfermo de paludismo de nuestra estación del pantano.
— ¿Todavía se dan tales casos? Yo creía…
— Con muy poca frecuencia, y solamente en los pantanos — le interrumpió Dis —. ¡Para eso estamos nosotros allí!