nuestros caminos se separaron hace tiempo. Mas yo no podía ceder a un nuevo amor mientras él estuviera en el Cosmos, no podía alejarme de él, debilitando así la esperanza, la fe en su regreso. Ahora, esto es ya una realidad. Erg Noor lo sabe todo, pero sigue su camino.

Evda Nal abarcó con su fino brazo los rectos hombros de Veda.

— Entonces, ¿es Dar Veter?…

— ¡Sí! — contestó Veda con firmeza.

— ¿Y él lo sabe?

— No. Más tarde, cuando la Tantra esté aquí… Bueno, ¿no es hora ya de volver? — se inquietó Veda.

— Para mí ya es hora de dejar la fiesta — contestó Evda Nal —. Mi permiso se acaba.

Me espera un nuevo y gran trabajo en la Academia de las Penas y de las Alegrías, y aún tengo que ir a ver a mi hija.

— ¿Tiene usted una hija mayorcita?

— De diecisiete años. Mi hijo es mucho mayor. Yo he cumplido el deber de toda mujer normalmente desarrollada y fecunda: tener dos hijos como mínimo. Me gustaría tener un tercero, ¡pero ya criado! — exclamó, mientras una sonrisa de amoroso cariño iluminaba su rostro, pensativo, y entreabría sus labios, de curvo trazo.