¿No has cambiado la elección que hiciste del primero de los trabajos?

— No. Seré enfermera en la isla del Olvido, y después, todo nuestro círculo, el de tus discípulos, trabajará en el Hospital Psicológico de Jutlandia.

Evda no escatimó las bromas, de buena índole, con respecto a los psicólogos celosos, pero Rea le pidió a la madre que fuese mentor de los miembros del círculo que también debían elegir los mencionados trabajos.

— Tendré que quedarme aquí hasta el fin del permiso — dijo Evda, riendo —. ¿Y qué va a hacer Veda Kong?

Rea recordó a la acompañante de su madre.

— Es buena — dijo con seriedad la muchacha — ¡y casi tan guapa como tú!

— ¡Mucho más!

— No, yo lo sé… Y no porque tú seas mi madre — insistió Rea —. Tal vez, a primera vista, parezca más bonita que tú. Pero tú encierras una fuerza interior que Veda Kong no tiene todavía. Yo no digo que no llegue a tenerla. Cuando la tenga, entonces…

— ¿Eclipsará a tu mamá, como la luna a una estrella?

Rea negó con la cabeza.