— Y el vientre abierto, se le han salido las entrañas…
A Mven Mas se le doblaron las piernas y agarróse convulsivamente al cuello de los que le sostenían. Pero la voluntad y la razón no le fallaron.
— ¡Hay que salvar a Ren Boz a toda costa! ¡Es un gran sabio!..
— Lo sabemos. Cuatro doctores le asisten. Está dentro de una tienda esterilizada, puesta allí para la intervención quirúrgica. Al lado, esperan dos donadores de sangre. El tiratrón, el corazón y el hígado artificiales funcionan ya.
— Entonces llévenme al puesto de conferencias. Pónganse en comunicación con la red mundial y llamen al centro de información de la zona Norte. ¿Qué ha sido del sputnik 57?
— Le hemos llamado. No contesta.
— Busquen el sputnik con el telescopio y examínenlo con el inversor electrónico a la ampliación máxima… Comprueben las máquinas mnemotécnicas y la calidad de las grabaciones de la experiencia.
— Las máquinas están muy averiadas y en el indicador no hay nuevas grabaciones.
— ¡Todo se ha perdido! — barbotó Mven Mas, agachando la cabeza.
El hombre de guardia nocturna en el centro Norte de información vio en la pantalla un rostro ensangrentado y unos ojos que brillaban febriles. Después de mirar atentamente, reconoció al director de las estaciones exteriores, personalidad célebre en todo el planeta.