— Le entregaré la guardia a mi ayudante, y yo mismo me ocuparé de su asunto.

¡Espere!

Mven Mas se derrumbó sobre el sillón que le habían acercado e hizo un esfuerzo para concentrar sus pensamientos y energías. En la estancia entró presuroso el director del Observatorio.

— Acabamos de fijar la posición del sputnik 57. ¡No existe ya!

Mven Mas se levantó como si no hubiera recibido lesión alguna.

— Queda un trozo de la parte delantera, el puerto para el arribo de naves cósmicas — prosiguió el terrible informe —. Vuela siguiendo la misma órbita. Seguramente, hay también otros trozos pequeños, pero todavía no han sido encontrados.

— Por consiguiente, los observadores…

— ¡Han perecido sin duda!

Mven Mas se apretó con los puños las sienes, que le dolían insoportablemente.

Pasaron unos minutos de torturante silencio. La pantalla se iluminó de nuevo.