— Grom Orna está al aparato de la Casa de los Consejos — dijo el de guardia, dando vuelta a una manija.

En la pantalla, que reflejaba una sala grande, débilmente alumbrada, surgió la cabeza, característica y conocida de todos, del presidente del Consejo de Astronáutica. Allí estaba su rostro afilado, que parecía cortar el espacio, de gran nariz corva, ojos profundos, bajo unas cejas alzadas en ángulo con gesto de escepticismo, y labios prietos fruncidos en muda interrogante.

Bajo la mirada de Grom Orm, Mven Mas bajó la cabeza como un chiquillo que ha cometido una falta.

— ¡Acaba de perecer el sputnik 57! — se lanzó a la confesión como el que se tira a un agua oscura.

Grom Orm estremecióse; su rostro se tornó aún más afilado.

— ¿Y cómo ha podido ocurrir eso?

Con concisión y exactitud, Mven Mas lo refirió todo, sin omitir la clandestinidad del experimento ni tratar de atenuar su culpa. Las cejas del presidente del Consejo se juntaron severas, mientras en torno a la boca se formaban unas largas arrugas, pero la mirada continuó serena.

— Espere, voy a ocuparme de la asistencia a Ren Boz. ¿Cree usted que Af Nut?…

— ¡Oh, si él pudiera venir!..

La pantalla se había oscurecido. La espera se hacía interminable. Mven Mas, con un supremo esfuerzo, se mantenía firme. No importaba, era preciso aguantar, pronto reaparecería… ¡Por fin, ya estaba allí Grom Orm!