— Quiero intervenir en nombre de él.
— ¿Por qué motivo?
— ¡Le amo!
— Hablará usted después de Mven Mas.
Evda Nal apagó la luz roja y se sentó.
En la tribuna apareció Mven Mas. Tranquilo e implacable consigo mismo, el africano habló de los resultados que se esperaban de la experiencia y de su sorprendente visión, cuya realidad no podía ser demostrada. La premura con que se realizó el experimento, debida a la clandestinidad de sus acciones, les impidió idear aparatos especiales de grabación, y confiaron en las máquinas mnemotécnicas ordinarias, cuyos receptores quedaron destruidos en el primer momento. También fue un error la realización de la experiencia en el sputnik 57. Debían haber enganchado a éste una vieja planetonave e instalar en ella los aparatos de orientación del vector. De todo aquello era culpable él mismo, Mven Mas. Ren Boz se ocupaba de la instalación, pero la realización del experimento en el Cosmos era de competencia del director do las estaciones exteriores.
Chara se retorció las manos: los argumentos acusatorios de Mven Mas le parecían de peso.
— ¿Sabían los observadores del sputnik perecido la posibilidad de la catástrofe? — preguntó Grom Orm.
— Sí, habían sido advertidos, pero accedieron gustosos.
— No me extraña — replicó sombrío Grom Orm —, pues miles de jóvenes participan en los peligrosos experimentos que todos los años tienen lugar en nuestro planeta. A veces, perecen… Y otros nuevos van, con el mismo valor, a la guerra contra lo desconocido.