— La intensidad del campo de atracción aumenta más de lo que debiera, según los cálculos.

— ¿Y delante?

— ¡Sigue la oscuridad! — contestó Ingrid, y se fue.

Key Ber despertó al astronauta. Éste se levantó de un salto, entró corriendo en el puesto central de comando y se abalanzó hacia los aparatos.

— No observo nada amenazador. Pero ¿de dónde procederá este campo de atracción?

Es demasiado potente para ser de una nube opaca, y aquí no hay estrella alguna… — Lin quedó un momento pensativo y oprimió el botón de despertar correspondiente al camarote del jefe de la expedición. Reflexionó de nuevo unos instantes y conectó con el camarote de Niza Krit.

— Si no ocurre nada, nos relevarán simplemente — le explicó a la alarmada Ingrid.

— ¿Y si ocurre? Pues Erg Noor no volverá a su estado normal hasta dentro de cinco horas. ¿Qué hacemos?

— Esperar — repuso tranquilo el astronauta —. ¿Qué puede ocurrir en cinco horas aquí, tan lejos de todos los sistemas estelares?…

La tonalidad del sonido de los aparatos bajaba de continuo, prueba indudable de que las circunstancias de vuelo se modificaban. En la angustia de la espera, el tiempo se alargaba interminable. Dos horas transcurridas parecieron toda una guardia. Peí Lin permanecía sereno exteriormente, pero la agitación de Ingrid se había transmitido ya a Key Ber. Miraba con frecuencia a la puerta de la cámara de comando, aguardando la irrupción, impetuosa como siempre, de Erg Noor, aunque sabía que el despertar del largo sueño sería lento.