— ¡Si usted supiera, Veda, cuánto amo ahora a la Tierra!..
— Después del mundo de las tinieblas y del largo viaje con Niza, paralizada, se comprende. Pero…
— ¿Este amor no puede ser la base de mi vida?
— No. Usted es un verdadero héroe, y por ello, insaciable en su afán de hazañas. Y este auténtico amor lo llevará siempre con cuidado, como una copa llena, temeroso de verter una sola gota sobre la Tierra, para ofrecérselo al Cosmos. ¡Mas en provecho de esa misma Tierra!
— Veda, si usted hubiera vivido en los Siglos Sombríos, ¡la habrían quemado en la hoguera!
— No es la primera vez que me lo dicen… Bueno, ya está aquí la bifurcación. ¿Y dónde están sus zapatos?
— Los dejé en el jardín, cuando salí a su encuentro. Tendré que volver.
— Hasta la vista, Erg. Aquí, mi misión ha terminado, ahora comienza la suya. ¿Dónde nos veremos de nuevo? ¿Solamente a la partida de la astronave?
— ¡No, no! Niza y yo pasaremos tres meses en un sanatorio polar. La invito a ir allí con él, con Dar Veter.
— ¿A qué sanatorio? ¿Al Corazón de Piedra, de la costa septentrional de Sibera, o al Hojas de Otoño, de Islandia?