¡Si Veda Kong supiera!.. Aunque ella estaba enterada de todo absolutamente. Veda amaba a Erg Noor, miembro del Consejo de Astronáutica y jefe de la 37a expedición astral. Erg Noor debía dar sus noticias desde el planeta Zirda. Mas si no se recibía comunicado alguno, pese a que todos los cálculos de los vuelos interestelares eran completamente exactos, ¡sería inútil soñar en conquistar el corazón de Veda! El vector de la amistad era lo único, lo más grande que los unía. Sin embargo, ¡él iba a trabajar con ella!

Dar Veter, moviendo una palanca, apretó un botón, y la estancia se inundó de clara luz.

Un gran ventanal hacía las veces de pared de una espaciosa, inmensa sala, pendiente sobre la tierra y el mar. Dando vuelta a otra palanquilla, inclinó hacia él aquella pared de cristal, que dejó al descubierto el cielo, cuajado de estrellas, cortando con su marco metálico las luces de las carreteras, de los edificios y los faros costeros de allá abajo.

La atención de Dar Veter estaba fija en la esfera, de tres círculos concéntricos, del reloj galáctico. El Gran Circuito transmitía sus informaciones a cada cienmilésima de segundo galáctico, es decir, cada ocho días, o cuarenta y cinco veces al año terrestre. Una vuelta de la Galaxia alrededor de su eje constituía un día galáctico.

La siguiente emisión — la última para Dar Veter — empezaría a las nueve de la mañana (hora del Observatorio del Tíbet) y, por consiguiente, a las dos de la madrugada de allí, del Observatorio Mediterráneo del Consejo. Quedaba un poco más de dos horas.

El aparato de la mesa empezó a tintinear y a emitir destellos de nuevo. Tras un tabique apareció un hombre de relucientes vestiduras, con sedosos reflejos.

— Estamos preparados para la emisión y la escucha — manifestó conciso sin muestra aparente alguna de sumiso respeto, pero en sus ojos se traslucía la admiración al jefe.

Dar Veter continuaba callado y su ayudante también, esperando con aire desenvuelto y gallarda apostura.

— ¿En la sala cúbica? — preguntó al fin el jefe. Y cuando hubo recibido respuesta afirmativa, inquirió dónde se encontraba Mven Mas.

— Está junto al aparato del frescor matinal, para reponerse de las fatigas del viaje.