— Una ruptura — explicó Yuni Ant desde la pantalla lateral —. Le he mostrado las observaciones del mes pasado en grabación de máquinas mnemotécnicas. Voy a transmitirle ahora la recepción directa.

Las chispas y las líneas rojo-oscuras continuaban girando en la pantalla.

— ¡Extraño fenómeno! — exclamó el físico —. ¿Cómo se explica usted esa ruptura?

— Aguarde. Ahora se reanuda la transmisión. Pero ¿qué le parece extraño?

— El espectro rojo de la ruptura. En el de la Nebulosa de Andrómeda hay un desplazamiento violáceo, lo que indica que ella se aproxima hacia nosotros.

— La ruptura no tiene ninguna relación con la Andrómeda. Es un fenómeno local.

— ¿Cree usted casual el que su estación emisora esté situada al extremo mismo de la Galaxia, en una zona todavía más alejada de su centro que la zona del Sol lo está del centro de nuestra Vía Láctea?

Yuni Ant envolvió a Ren Boz en una escéptica mirada. — Usted está dispuesto a discutir en cualquier momento, olvidando que la Nebulosa de Andrómeda nos habla desde una distancia de cuatrocientos cincuenta mil parsecs.

— ¡Es verdad! — repuso turbado Ren Boz —. Y mejor sería decir que desde una distancia de un millón y medio de años-luz. El mensaje fue lanzado hace quince mil siglos.

— ¡Y nosotros estamos viendo ahora lo que fue enviado mucho antes de la época glaciar y de la aparición del hombre en la Tierra! — agregó Yuni Ant, ya bastante más suave.