— Es usted frívola, Veda — replicó bonachón Dar Veter —. ¡Más frívola de lo que yo creía!

La joven mujer se puso seria de pronto.

— He sentido su protección de un modo demasiado intenso…

Y empezó a hablar — mejor dicho, a pensar en voz alta — acerca de las futuras actividades de su grupo expedicionario. La primera etapa de los trabajos, en los túmulos de la estepa, había terminado ya; sus colaboradores volvían a sus ocupaciones anteriores o dirigíanse a otras nuevas. En cuanto a Dar Veter, estaba libre, por no haber elegido otro trabajo, y podía seguir a su amada. A juzgar por las noticias que habían llegado a su conocimiento, Mven Mas se desenvolvía bien. Pero aun en el caso de que el trabajo marchase mal, el Consejo de Astronáutica no restituiría tan pronto a Dar Veter en aquel cargo. En la Era del Gran Circuito no se consideraba provechoso mantener a la gente largo tiempo en la misma labor. Ello embotaba lo más preciado del ser humano: la inspiración creadora, y únicamente después de un prolongado intervalo, se podía volver a la anterior ocupación.

— Después de seis años de relación con el Cosmos, ¿no le ha parecido mezquino y monótono nuestro trabajo? — preguntó Veda mientras su mirada, clara y atenta, buscaba la de Dar Veter.

— Ese trabajo no tiene nada de mezquino ni de monótono — replicó Dar Veter —, pero no me proporciona la tensión a que estoy acostumbrado. Me vuelve apacible, demasiado tranquilo, ¡como si me curaran con sueños azules!

— ¿Azules?… — repitió ella, y su entrecortado aliento dijo a Dar Veter más de lo que hubiera podido decirle el invisible arrebol de sus mejillas.

— Yo empezaré a explorar unas antiguas cavernas — añadió Veda, cambiando de tema —. Pero antes hay que formar un nuevo equipo de excavadores voluntarios. Entre tanto, iré a unas excavaciones submarinas; mis compañeros me han llamado para que les ayude.

Dar Veter comprendió y su corazón comenzó a palpitar fuertemente, de alegría. Mas al instante ocultó sus sentimientos en algún recóndito lugar del alma y acudió en ayuda de Veda preguntándole sereno:

— ¿Se refiere usted a las excavaciones de la ciudad sumergida al Sur de Sicilia? Yo he visto cosas magníficas, procedentes de allí, en el Palacio de la Atlántida.