Es precisamente lo contrario.

En efecto, es evidente que la atrofia y la pérdida de tantas personalidades que podrían surgir con mucha mayor ventaja propia y de los demás, ocurren ahora, en la actual organización burguesa, en que cada hombre —salvo raras excepciones de las individualidades más sobresalientes— cuenta por lo que tiene y no por lo que es.

El que nace pobre —claro que sin tener la culpa— puede haber salido de la naturaleza siendo un genio artístico o científico, pero si no tiene patrimonio propio que le facilite el modo de triunfar en las primeras batallas por la vida y de completar su cultura, o si el pastor Giotto no tiene la suerte de encontrarse con el rico Cimabue . . . entonces esa inteligencia tiene que ir a apagarse en la inmensa cárcel de los asalariados, y la misma sociedad pierde tesoros de fuerza intelectual.

En cambio, el que nace rico, sin que en ello {25} tenga parte, puede ser un microcéfalo o un fatuo cualquiera; pero está cierto de que llegará al escenario del teatro social, y que todos los serviles serán para él pródigos en elogios y caricias, y sólo porque tiene dinero, creerá ser diferente de lo que es.

Por el contrario, con la propiedad colectiva, es decir, bajo el régimen socialista —teniendo cada individuo aseguradas sus condiciones de vida— el trabajo diario no servirá sino para sacar a luz las aptitudes especiales, más o menos geniales de cada hombre, y los años mejores y más fecundos de la vida no serán, así, consumidos como ahora en la conquista desesperada, espasmódica y envilecedora del pan de cada día.

En el socialismo tendrán todos, con la seguridad de una existencia humana, la verdadera libertad de desarrollar y manifestar su propia personalidad física y moral, tal como se tuvo al nacer, en la infinita variedad y desigualdad antropológica, que el socialismo no niega pero que quiere ver mejor encaminada hacia el libre y fecundo desenvolvimiento de la vida humana.

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III. LOS VENCIDOS EN LA LUCHA POR LA VIDA.

La segunda contradicción que se señala entre socialismo y darwinismo es, que mientras por el darwinismo se demuestra cómo la inmensa mayoría de los nacidos —entre las plantas, los animales, los hombres— está destinada a sucumbir, porque sólo una pequeña minoría queda vencedora en la «lucha por la vida», por el socialismo se pretende al contrario que todos triunfen de esa lucha y nadie sucumba en ella.

Varias son las respuestas que pueden darse.