Sobre esta concepción mía —que recientemente ha tenido espléndida demostración en la obra genial de Novicow, quien ha desmentido, sin embargo, la lucha sexual—, sobre esta concepción, digo, volveré más ampliamente en el capítulo que trata del Porvenir moral de la humanidad, en la segunda edición de Socialismo y criminalidad.
Por ahora bástame agregar una respuesta a la objeción antisocialista: no sólo disminuye siempre la desproporción entre nacidos y sobrevivientes, sino que también la misma «lucha por {32} la vida» cambia de significado y se atenúa en sus modalidades a cada fase sucesiva de la evolución biológica y social.
Así, pues, el socialismo puede afirmar muy bien que deben asegurarse a todos los hombres las condiciones de una existencia de hombre —a cambio del trabajo dado a la colectividad—, sin tropezar por eso contra la ley darwiniana de la supervivencia de los vencedores en la lucha por la vida, y desde que es necesario interpretarla y aplicarla exactamente en sus varias manifestaciones a la vida progresiva de la humanidad, en relación a las épocas primitivas de ésta y en relación al orden inferior de vivientes vegetales y animales.
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Por otra parte, el mismo socialismo, científicamente comprendido, no impide y no puede impedir que haya siempre en la humanidad vencidos en la lucha por la vida.
Este argumento se refiere más directamente a las relaciones entre socialismo y criminalidad, porque justamente los que sostienen que la lucha por la vida es ley caduca de la humanidad, afirman en consecuencia que el delito (forma anormal y antisocial de la lucha por la vida, así como el trabajo es la forma normal y social) {33} deberá desaparecer de la Tierra, y por eso se cree encontrar cierta contradicción entre el socialismo y las doctrinas de la antropología criminal sobre el delincuente nato, que también se derivan del darwinismo.
Reservando para otro lugar el más amplio desarrollo de esta cuestión, puedo, entretanto, resumir así mi pensamiento de antropólogo criminalista y de socialista al mismo tiempo:
Ante todo, la escuela criminal positiva se ocupa de la vida presente, y su mérito es incontestable por haber aplicado el método experimental al estudio del fenómeno criminal, deduciendo de él lo absurdo e hipócrita de los actuales sistemas penales basados en el concepto del libre albedrío y de la culpa moral, y aplicados en las cárceles de sistema celular, que llamé y llamo «una de las aberraciones del siglo XIX», para sustituirle por la simple segregación de los individuos inaptos para la vida social por condiciones patológicas congénitas o adquiridas, permanentes o transitorias.
Pero decir que con el socialismo desaparecerán todas las formas del delito, es una afirmación inspirada por generoso idealismo sentimental, mas no fundada en rigurosa observación científica.
{34} La escuela criminal positiva demuestra que el delito es un fenómeno natural y social —como la locura y el suicidio— determinado por la anormal constitución orgánica y psíquica del delincuente, junto con las influencias del ambiente físico y del ambiente social. Factores antropológicos físicos y sociales concurren siempre unidos indisolublemente a determinar cualquier delito, del más leve al más grave —como pasa en resumen con todo acto humano—; sólo que para cualquier delincuente y para cualquier delito es diversa la intensidad determinante de cada orden de factores.