Por ejemplo: en el asesinato cometido por celos o por alucinación, la acción más poderosa pertenece al factor antropológico, sin que por eso pueda excluirse la acción del ambiente físico y del ambiente social. Por el contrario, en el delito contra la propiedad, o también contra las personas, por furor de muchedumbre amotinada, o por alcoholismo, etc., la intensidad mayor es del ambiente social, sin que por eso pueda excluirse la influencia del ambiente físico y del factor antropológico.
El mismo raciocinio —completando el examen de la objeción antisocialista hecha en nombre del darwinismo— puede repetirse para las {35} enfermedades comunes, aunque, por otra parte, el delito pertenece también a la patología humana.
Cualquier enfermedad aguda o crónica, infecciosa o no, grave o ligera, es la resultante de la constitución antropológica del individuo y de las influencias del ambiente físico y social. Solamente que en las diversas enfermedades varía la intensidad determinante de las condiciones personales o del ambiente; la tisis o la cardiopatía por ejemplo, son enfermedades que dependen en grandísima parte de la constitución orgánica individual, aunque concurriendo a ella la complicidad del ambiente; pero la gota, o el cólera, o el tifus, o la caquexia palustre etc., dependen, por el contrario, de las condiciones sociales y físicas del ambiente más que de otra cosa. He ahí por qué la tisis hace estragos hasta entre las gentes acomodadas y, por lo tanto, bien alimentadas y mejor alojadas; mientras que el cólera hace el máximum de víctimas entre los mal alimentados, es decir, entre los pobres.
Es, entonces, evidente que con el régimen socialista de la propiedad colectiva que asegura a cada hombre las condiciones de existencia de hombre, disminuirán muchísimo, y quizá desaparezcan —con la ayuda de los continuos descubrimientos científicos y de la progresiva {36} previsión higiénica— las enfermedades determinadas en gran parte por las condiciones del ambiente y por la insuficiente alimentación y abrigo contra la intemperie; pero no por eso desaparecerán las enfermedades por traumatismo, la locura, las pulmonitis, etc.
Lo mismo debe decirse del delito: suprimida la miseria y las inicuas desigualdades de condiciones económicas, seguro es que por la falta directa del estímulo del hambre, aguda y crónica, por la indirecta influencia benéfica, física y moral de la mejor alimentación, y por la falta de ocasiones de abusar del poder o la riqueza, disminuirán muchísimo y desaparecerán esos delitos en gran parte ocasionales y que toman su mayor intensidad determinante del ambiente social. Pero, sin embargo, no desaparecerán, por ejemplo, los atentados contra el pudor por inversión sexual patológica, o los homicidios por epilepsia, o los hurtos por degeneración psicopatológica etc., etc.
Del mismo modo, con el socialismo se hará más extensa e intensa la cultura popular, desaparecerán los analfabetos, todo ingenio tendrá como desenvolverse y consolidarse libremente; pero no por eso desaparecerán los idiotas y los imbéciles por condición patológica hereditaria, {37} por más que también tenga benéfica influencia preventiva y alejadora sobre las degeneraciones congénitas (enfermedades comunes, delincuencia, locura, neurosis), la mejor organización económica y social, unida a la guía cada vez más clarovidente de la biología experimental, y por lo tanto de las más frecuentes abstenciones personales de procreación en los casos de enfermedad hereditaria.
Vale decir, en conclusión, que también en el régimen socialista —aunque en proporciones infinitamente menores— habrá siempre vencidos en la lucha por la vida, bajo la forma de débiles, de enfermos, de locos, de neuróticos, de delincuentes, de suicidas, y por consiguiente que el socialismo no niega la ley darwiniana.
Pero con la inmensa superioridad de que las formas epidémicas o endémicas de la degeneración humana, física y moral, serán completamente suprimidas con la eliminación de su fuente principal, que es la miseria física, y por lo tanto moral, de los más.
Así pues, aunque la lucha por la vida continúe siendo la eterna fuerza propulsora de la existencia social, se desenvolverá en formas cada vez menos brutales y más humanas o intelectuales, y por ideales cada vez más elevados, es decir, {38} de perfeccionamiento fisiológico y psíquico, sobre la base fecunda del pan cuotidiano para el cuerpo y para la mente, asegurado a todos los hombres.
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