A propósito de la «lucha por la vida» es preciso no olvidar otra ley del darwinismo natural y social, a la que algunos socialistas han dado excesiva y unilateral importancia, mientras que, por el contrario, muchos individualistas la han condenado a erróneo olvido: hablo de la ley de solidaridad entre los seres vivientes o de la misma especie, como entre los animales que viven en sociedad por la abundancia del común alimento (herbívoros) o también entre especies diversas, por ese fenómeno que los naturalistas llaman hoy de simbiosis, de acuerdo en la vida.

Es excesivo afirmar que en la naturaleza y en la sociedad la única ley imperante sea la lucha por la vida, como es excesivo decir que esa ley no rige para la humanidad. La verdad positiva es que la lucha por la vida es también ley eterna en el mundo humano, aunque se atenúe en las formas y se eleve en los ideales; pero al lado suyo, y más que ella, como determinante progresivamente eficaz de la evolución social, está la ley de la solidaridad o cooperación entre los seres vivientes.

{39} En las mismas sociedades animales, la ayuda mutua contra las fuerzas naturales adversas o contra especies vivas enemigas, tiene manifestaciones constantes y cada vez más intensas, que se desarrollan más en la especie humana, comenzando por las mismas tribus salvajes; y máxime en aquellas que, por condiciones favorables del ambiente, o sea por seguridad y abundancia de medios de subsistencia, presentan el tipo industrial o pacífico de sociedad humana, antes que el militar o batallador que demasiado predomina (justamente por la falta de seguridad e insuficiencia de los medios de vida) en la humanidad primitiva y en las fases de la civilización menor o regresiva; aunque, como lo ha demostrado Spencer, ese tipo tienda continuamente a ser sustituido por el tipo industrial.

Por eso, para permanecer en el mundo humano, mientras en los albores de la evolución social el predominio pertenece más a la ley de la lucha por la vida que a la ley de la solidaridad, a medida que la división del trabajo y por ella la connecesidad entre las partes crece en el organismo social, la lucha se atenúa y se transforma, y la ley de solidaridad y de cooperación adquiere un imperio progresivamente intenso y extenso. Y todo esto, siempre por la razón fundamental que {40} indicó Carlos Marx y que constituye su verdadero y grande descubrimiento científico, es decir, por la seguridad o inseguridad de las condiciones de existencia, y en primer término, entre ellas, la seguridad de la alimentación.

Tanto en la vida de un individuo como en la de varios individuos o de varias sociedades, puede comprobarse que cuando los medios de alimentación, base física de la existencia, están asegurados, la ley de solidaridad predomina sobre la de lucha, y viceversa. El infanticidio y el parricidio se consideran acciones no sólo lícitas sino debidas en el mundo salvaje, si la tribu vive en islas donde los alimentos escasean (Polinesia, etc.) y se convierten en acciones inmorales y delictuosas en los continentes donde el alimento es más abundante y seguro. Así del mundo actual, la falta de seguridad en el pan de cada día para la mayor parte de los hombres, recrudece y embrutece también las manifestaciones de la lucha por la vida, o de la «libre competencia» como dicen los individualistas.

Apenas la propiedad colectiva asegure a cada hombre las condiciones de existencia, prevalecerá indudablemente la ley de solidaridad.

Lo que hoy sucede en pequeño y por excepción en la familia que, mientras sus negocios {41} marchan bien y tiene asegurado el pan cuotidiano, se halla en perfecto acuerdo y pronta a la mutua benevolencia, para dejar que intervengan el desacuerdo y la lucha, apenas la miseria asoma, sucede también en grande en la sociedad entera, y sucederá como regla constante en cualquier mejor organización futura.

Tal será la conquista, y tal, lo repito, es la interpretación más completa y más fecunda que debe darse con el socialismo a las inexorables leyes naturales descubiertas por el darwinismo.

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IV. LA SUPERVIVIENCIA DE LOS MÁS APTOS.