La tercera y última objeción del raciocinio haeckeliano, mientras es exacta en sus términos técnicamente biológicos y darwinianos, carece de base en la aplicación que de ella quisiera hacerse en el campo social contra el socialismo.
Se dice: la lucha por la vida asegura la supervivencia de los mejores y de los más aptos, y sigue por lo tanto un procedimiento aristocrático de selección individualista antes que la democrática nivelación colectivista del socialismo.
Comencemos, una vez más, por precisar bien {42} en qué consiste la famosa selección natural, fruto innegable de la lucha por la vida.
La expresión repetida por Haeckel y por tantos otros de «supervivencia de los mejores y más aptos» debe ser corregida en el sentido de suprimir la palabra mejores. Esto representa un resto de aquella teología por la cual se admitía en la naturaleza y en la historia un punto final a que alcanzar mediante un mejoramiento continuo.
Por el contrario el socialismo, y más aún la teoría de la evolución universal, ha excluido todo finalismo del pensamiento moderno y de la interpretación de los fenómenos naturales: la evolución comprende también la involución y la disolución. Puede ser, y es, que en el resultado final, comparando los dos extremos del camino de la humanidad, se halle que realmente hubo una mejoría poderosa; pero de cualquier manera, esta no va en línea recta ascendente, si no, como dice Goethe, siguiendo una espiral, con ritmos parciales de progreso y de regreso, de evolución y de disolución.
Cualquier ciclo de evolución, tanto en la vida individual como en la vida colectiva, lleva consigo los gérmenes del correspondiente ciclo de disolución; y viceversa, con la putrefacción de la {43} forma ya agotada, se prepara en el laboratorio cierno nuevas evoluciones y nuevas formas de vida.
Por eso en el mundo social humano cada fase de civilización lleva consigo y desarrolla siempre los gérmenes de su propia disolución, de la que evoluciona una nueva fase de civilización —cambiando más o menos de asiento geográfico— en el ritmo eterno de la humanidad viviente. Las antiguas civilizaciones hieráticas del Oriente se disuelven y resurgen en el mundo greco-romano, reemplazado después por la civilización feudal y aristocrática de la Europa Central, disuelta a su vez por los excesos a que había llegado, como las civilizaciones anteriores, la sucede la civilización burguesa, más desarrollada en el mundo anglo-sajón. Pero ésta siente ya los calofríos de la fiebre de disolución, mientras nace y evoluciona la civilización socialista, que se esparcirá en mayor extensión del mundo que cada una de las civilizaciones anteriores.
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No es, pues, exacto decir que la selección natural determinada por la lucha por la vida asegura la supervivencia de los mejores; la verdad es que asegura la supervivencia de los más aptos.
{44} Y la diferencia es grandísima, tanto en el darwinismo natural como en el social.