Indudablemente: la lucha por la vida determina la supervivencia de los individuos más adaptados al ambiente y al momento histórico en que viven.

Ahora bien, en el campo biológico natural, el libre juego de las fuerzas y de las condiciones cósmicas, determina precisamente una elevación de las formas vivas, desde el microbio al hombre.

En el campo humano, entretanto, de aquello que Spencer llama la cooperación superorgánica, la interferencia de otras fuerzas y de otras condiciones, determina a veces una selección al revés, disolutiva, que es siempre la supervivencia de los más aptos en un ambiente especial y en un momento histórico, pero que resiente justamente las condiciones viciadas —si lo son— de ese ambiente mismo.

Tal es la cuestión de las «selecciones naturales» que también interpretan inexactamente, de primera impresión, algunos socialistas y no socialistas, en el sentido de negar toda aplicabilidad de las teorías de Darwin a la sociedad humana.

Es sabido, en efecto, como se ha viciado la selección natural en la humanidad civil, con el {45} concurso de la selección militar, matrimonial y sobre todo económica.

El celibato que se impone hoy a los soldados, ejerce evidentemente una influencia perniciosa sobre la raza humana, porque deja en el hogar a los más débiles en la procreación, mientras expone a los jóvenes más sanos a la esterilidad transitoria, y, en las grandes ciudades, a los peligros de la sífilis, desgraciadamente no tan transitoria.

Así el matrimonio, perjudicado como está en la civilización presente por los intereses económicos, efectúa por regla general una selección sexual al revés, porque las mujeres defectuosas o degeneradas pero con buena dote, encuentran marido más fácilmente que las más robustas, del pueblo o burguesas, que están, sin dote, condenadas a esterilizarse en el celibato, o a perderse en la prostitución más o menos dorada.

En la vida social compleja es, pues, innegable la influencia de las actuales condiciones económicas, por las que el monopolio de la riqueza asegura a sus posesores el triunfo en la lucha por la vida, de tal modo que los ricos, aunque menos robustos, gozan de más larga existencia que los mal alimentados; mientras que por el trabajo inhumano, diurno y nocturno, impuesto a los hombres adultos y por el más desastroso {46} todavía que impone a las mujeres y a los niños el capitalismo moderno, se degradan cada vez más las condiciones biológicas de la gran masa de los proletarios.

A esto se agrega también ahora la selección moral al revés, por medio de la cual el capitalismo, en la lucha trabada con el proletariado, favorece la supervivencia de los serviles, mientras persigue y trata de extinguir a los individuos de carácter, menos dispuestos a soportar el juego de la actual organización económica.

La primera impresión determinada por la comprobación de estos hechos, conduce a negar que la ley darwiniana de la selección natural tenga aplicabilidad y valor alguno en el mundo humano.